viernes, 2 de septiembre de 2016

El Sí Mismo


El Sí Mismo


Abbé Henri Stéphane


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«Dixit insipiens in corde suo: no es Deus» (Sal. XIV,1) (1). Aquel que está en lo Incognoscible, cuya mente está tranquilizada y que no se goza con nada más, ha dicho en su corazón: Dios no está. Ya que si Dios está, todo el Universo, el mundo y el ego están con El, y la Existencia Universal (Maya) envuelve al Sí Mismo con una nube impenetrable: «Dios no aparece más que cuando todas las criaturas lo enuncian... Es por eso que rogamos a Dios que nos libere de Dios» (Eckhart). (2)
Uno puede disertar indefinidamente sobe Dios, el mundo, el hombre, el bien y el mal, la vida, la muerte, el cielo, el infierno, todo esto no lleva a nada: Atma permanece prisionero de Mâyâ. No es necesario disertar sobre el Sí Mismo: «Nada se puede decir del Principio, quien habla de ello se equivoca» (Lao-Tse): es necesario liberar al Sí Mismo de los estorbos sicológicos del ego por medio de la pobreza en espíritu: «El Reino de Dios no es para nadie sino para el muerto perfecto» (Eckhart); «Dichosos los muertos que mueren en el Señor» (Apoc. XIV. 13).
Insipiens: «Hemos dicho a veces que el hombre debía vivir como si no viviera ni para sí mismo, ni para la Verdad, ni para Dios. Pero ahora hablamos de otra manera y vamos más lejos. Para llegar a esa pobreza, el hombre debe vivir de tal manera que ni siquiera sepa que él no vive ni para si mismo, ni para la Verdad, ni para Dios, de la manera que sea. Es más, es necesario que esté hasta tal punto vacío de todo saber que no sepa, ni conozca, ni sienta que Dios vive en él. Es necesario que esté vació de todo conocimiento que pudiera todavía manifestarse en él. Porque cuando el hombre se encontraba todavía en el eterno modo de Dios, nada más vivía en él; lo que vivía era él mismo. Así, nosotros decimos, el hombre debe de estar vacío de su propio saber, como en el tiempo en el que él no era todavía, y debe dejar a Dios operar lo que Le place y permanecer por su parte enteramente disponible» (Eckhart).(3)

Lo que constituye el «saber propio» del hombre, es que Dios existe, que el Universo existe, que él mismo existe. Debe vaciar su mente de este conocimiento «objetivo» que está «sobreimpuesto» al Sí Mismo (Shankara) y decir en su corazón: «Dios no está». Negando el Principio mismo de la manifestación y de la objetividad (o de la «objetivación»), él permite al Sí Mismo afirmarse él mismo in corde suo. La frase dixit insipiens debe de relacionarse con el Sí Mismo; ella es pronunciada en el corazón y el Sí Mismo dice: «No hay Dios». En lenguaje teológico, es la Palabra eterna pronunciada por el Padre engendrando al Hijo Unico: «Tu eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy» (Sal. II,7); es así como el hombre debe «dejar a Dios operar lo que le place» ya que, dice también Maestro Eckhart, «el Padre no puede querer más que una cosa, y es engendrar al Hijo Único», lo que supone que, por su parte, el hombre permanece enteramente disponible. Toda racionalización, todo discurso, toda discusión, van en contra de esta disponibilidad. En términos vedánticos, cuando las cinco envolturas (kosha) que envuelven el Âtmâ (anna, prâna, manas, vijñâna, ânanda, – el cuerpo grosero, el hálito vital, el mental, el intelecto y la felicidad) han sido rechazadas por el aspirante, lo que subsiste al termino del análisis, es el Testigo, el Sí Mismo, Âtmâ.

El Sí Mismo, es «Eso» (eseidad) que la mente recubre de esencia (quididad). San Alberto el Grande dice: «Yo digo: Dios es una esencia, pero inmediatamente, yo lo niego, diciendo: Dios no es una esencia; Dios es una esencia más allá de toda esencia. Procediendo así, mi inteligencia se establece en el infinito y se oculta»

La identidad entre «Ishwara» y «Jiva» proclamada por el mantra: «Tu eres eso» (4), aparece la contradicción aparente entre estos dos términos se sobrepasa; esta contradicción es creada por las sobreimposiciones: ella no existe realmente. Si se trata del Señor (Îshwara) la sobreimposición es Mâyâ o la Ignorancia; si se trata del «alma particularizada» (Jîva), esta vez son las cinco envolturas –ellas mismas, en efecto, envolturas de Mâyâ–, las que se interponen. Es por lo tanto indispensable distinguir estas dos sobreimposiciones, tanto las que se aplican a Îshwara como las que se aplican a Jîva: es necesario negar a Dios tanto como al ego: entonces subsiste solo el Testigo, el Sí Mismo, Âtma. (5)

La definición escolástica del Sí Mismo, dada por René Guénon: «El Sí Mismo es el Principio transcendente y permanente del cual el ser manifestado, el ser humano por ejemplo, no es más que una modificación transitoria y contingente, modificación que no podría además afectar de ninguna manera al Principio (6)», plantea el discernimiento fundamental entre lo Real y lo Irreal: Âtmâ y Mâyâ, Brahma y su Shakti. Este discernimiento es el previo indispensable a la realización de la Identidad: «Tu eres Eso». Antes que negar a dios y al ego, hay que comenzar por afirmar a Dios y reconocer que el ego es ilusorio frente a Dios.

Discernimiento e identidad son los dos polos de la Vía espiritual. La invocación «Jesús-María» (o «Mani-padmé» o «lâ ilaha illâ´Llâh») (7) comporta estos dos aspectos: la distinción Jesús-María corresponde al discernimiento entre lo Real y lo Irreal (Âtma y Mâyâ) y el carácter ilusorio de Mâyâ subraya la identidad de Âtmâ a través de todos los estados del ser, la reintegración de la multiplicidad en la Unidad, la «recapitulación de todas las cosas en Jesucristo». Pero esta reintegración supone la perfecta disponibilidad de Mâyâ, la pobreza de espíritu tal como la hemos visto más arriba, la sumisión de María con relación al Verbo divino, la «virginidad del alma» del «Profeta iletrado», la indiferenciación primordial de Prakriti frente a Purusha o de la Tabla guardada frente al Cálamo supremo (8). La repetición indefinida del mantra –la oración perpetua– determina una «vibración» que se repercute a través de la serie indefinida de los estados del ser, o a través de los «tres mundos» o los tres estados de vigilia, de sueño con sueños, y de sueño profundo, permitiendo así la actualización, en las diversas modalidades del ser humano, de la presencia de Brahma, lo único Real, el «Uno sin segundo», o, equivalentemente, la liberación de Âtmâ de los obstáculos sicológicos y fisiológicos del «yo» o de las sobreimposiciones de la mente.
«Realidad absoluta, Inteligencia absoluta, Beatitud absoluta, «sat-chit-ânanda) ¡el Sí Mismo que es infinito e inmutable, es Brahman y tú eres ese Brahman! Medita entonces en él, en el loto de tu corazón» (Shankara).

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NOTAS
1.- El insensato ha dicho en su corazón: no hay Dios. Aquí, insipiens designa a aquel que no tiene sabiduría.
2.- Ver El Misterio de la Deidad en Maestro Eckhart y San Dionisio el Areopagita, (tratado I.5)
3.- Sermón: porque debemos liberarnos de Dios mismo.
4.- Tu eres Eso, tat tvam asi, gran mantra (mahâvâkya) sacado de la Chândogya Upanisad (VI, 8,7)
5.- El ateo que niega a Dios tendría razón, si fuera capaz al mismo tiempo de negar el ego y el mundo, lo cual no lo hacen ni el materialista ateo, ni el existencialista ateo.
6.- René Guénon, El Hombre y su Devenir según el Vedanta.
7.- La primera fórmula es un mantra fundamental del budismo: Om mani padme hum, «¡Salud a la Joya en el Loto!». La segunda es la Shahâdah, fórmula fundamental de la fe islámica: «No hay más dios (o realidad) si no es Dios (o la Realidad)»
8.- Tabla guardada (al-Lûh al mahf^z) corresponde al Alma universal (an-Nafs al-kulliya); es sobre ella que se escriben todos los «destinos» de la creación por el Cálamo supremo, que a su vez corresponde al Intelecto primero o al Espíritu, siendo la primera creatura de Dios, la que escribe la creación en la Tabla guardada.


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