lunes, 25 de diciembre de 2017

LOS CICLOS DE LA CONSCIENCIA





LOS CICLOS DE LA CONSCIENCIA


Apro
 


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Texto perteneciente a "La Magia como Ciencia del Espíritu", Grupo de UR


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Prescindiendo de la raíz profunda que justifica conjuntamente los artificios del hombre y al hombre como artífice, o "inconsciente repetidor de mismo"; habiendo puesto como premisa pues que se trata aquí de ilustrar el mecanismo de la consciencia, y no el Yo profundo que lo determina, queremos tratar de cerrar en un esquema unitario las modalidades de este mecanismo, de modo tal de comprender el mismo, sea en sus formas usuales, como las más insólitas y extra-normales.

Por fenómeno de consciencia entenderemos cualquier modificación del dinamismo individual (mental, sensorial, motriz). El mecanismo del fenómeno de consciencia simple, o proceso psíquico elemental, puede reducirse al esquema conocido con el nombre de "arco de reflejo". En el mismo, habitualmente se comprende el recorrido esquemático, en el interior del organismo, de la onda vibratoria producida por un choque o estímulo, que se propaga como corriente centrípeta hasta un centro nervioso, y a partir de aquí debe entenderse el ‘reflejo’ bajo la forma de una corriente centrífuga hasta interesar el órgano o tejido sobre el cual ha actuado el estímulo a fin de comunicarle el denominado "movimiento reflejo".

Nosotros interpretamos en modo más general la expresión aludida, extendiéndola a sistemas cíclicos de acciones y de reacciones que pueden también determinarse sobre un plano superior, es decir, permaneciendo excluidos los elementos sensación-movimiento, y pudiendo también no acompañarse con algún movimiento externo visible. Es decir, el estímulo no es necesariamente de naturaleza mecánica y externa, sino que puede ser tanto de naturaleza orgánica, como de naturaleza psíquica o mental; y la transmisión y la reacción centrífuga pueden no acontecer por medio de las células nerviosas, sino mediante una relación más directa con ambientes o "campos energéticos" de naturaleza más sutil del que corresponde al cuerpo físico y con las vibraciones de los cuales el hombre puede igualmente tener una relación.

En los procesos de la conciencia común, el centro del ciclo en donde termina la onda centrípeta y tiene comienzo la centrífuga, corresponde al órgano del cerebro, el cual puede compararse con una complicasima central, con un complejo de cuadros conjuntamente registradores de hechos y distribuidores de actos. En ciertos casos ocurre que el ciclo tiene como centro al gran simpático. Entonces el individuo, por regla general, no es capaz de tener percepciones distintas. Para reconocer una sensación o un estímulo, es necesario el cerebro, el cual es el verdadero órgano que actúa como base de la función de la autoconciencia común.

Denominaremos conciencia externa o de vigilia (para atenernos al término en uso) a aquella que se manifiesta justamente a través del órgano cerebral. Denominaremos conciencia integral a la conciencia inmediata, es decir a la unidad de conciencia apta para manifestarse intelectualmente, sin la intermediación y la limitación cerebral. La primera se puede considerar como una propagación externa de la segunda, determinada por el flujo de la corriente volitiva que sirve para acompañar los procesos hacia el órgano cerebral. Además de esas dos conciencias debe ser considerada una tercera que tiene lugar todas las veces que los estímulos no son suficientemente intensos para superar el umbral de la conciencia externa, en la que el ciclo se cierra debajo de ella: o también cuando falte el medium necesario a fin de que el cerebro permanezca comprometido en el proceso.

Estas nociones son suficientes para ordenar en tipos distintos a los varios procesos de la conciencia, como base puede tomarse el siguiente esquema:


Hemos distinguido en la zona intermedia entre Yo y no-Yo, tres partes que son tres fases progresivas de degradación (o de reintegración) de la energía espiritual, hasta arribar a la forma materializada y motriz propia del componente físico. El límite en lo alto puede ser denominado Yo-voluntad. Le siguen tres órdenes de dinamismos, mental, sensorial y vital, a los cuales se pueden hacer corresponder las tres "almas", intelectiva, sensitiva, vegetativa, de las cuales se habla en la doctrina aristotélica. Más allá de la última de éstas se encuentra el límite periférico del organismo corpóreo[1] •  Los procesos cíclicos de los fenómenos de conciencia interesan en modo variado los elementos que hemos así esquematizado. Ellos están representados por las curvas, en parte cerradas, en parte abiertas, del dibujo; flechas en las cuales la ascendente indica la corriente centrípeta o aferente (estímulo, recepción) y la flecha descendente indica la corriente centrifuga, eferente, es decir la reacción en general, englobando todas las especies de reacciones, que no necesariamente interesan a la motricidad externa, dadas por el ser del hombre.


CONSCIENCIA DE VIGILIA

Las formas de la conciencia habitual, externa y de vigilia, pueden ser referidas a tres tipos principales de procesos, correspondientes, en la figura, a los números 1, 2 y 3. Hay allí sobre todo la percepción clara de un estímulo externo, por una corriente que no sólo afecta al Yo, sino que lo lleva hacia un repliegue activo sobre la sensación, a una apercepción distinta, que puede acompañarse también con un movimiento (caso 1 ). Cada vez que, con la mente y los sentidos despiertos, en plena autoconciencia, nos formamos una representación exacta de la realidad externa, acontece justamente este proceso. En el esquema, el arco a del ciclo que va más allá del plano del dinamismo mental debe ser considerado como una "variable": la misma depende del grado de realización del Yo y de la participación activa de este último en todos los procesos y en todas las reacciones. El caso n. 2 nos muestra un proceso análogo que sin embargo tiene como punto de partida, en vez que un estímulo externo, un estímulo que proviene de las funciones vitales y que es apercibido igualmente en forma distintiva. La zona de la conciencia directa normal de los procesos comienza habitualmente en el campo de los dinamismos sensoriales. Sólo en casos excepcionales la misma llega también a la zona inferior de los dinamismos vitales: entonces se tienen los fenómenos de autoscopia, es decir la percepción supranormal directa de los órganos del propio cuerpo. Los dos tipos precedentes 1 y 2 se refieren a procesos que comprometen y convierten en activo el centro Yo-voluntad del individuo (emergencia a del arco por encima del límite de los dinamismos mentales).

Ahora tenemos que pasar al caso 3, de reacciones subconscientes e instintivas a un estímulo externo o interno. Ello acontece cuando este estímulo no es tal de atraer una atención sensible; o bien en los movimientos reflejos verdaderos y propios; por ejemplo, ante un ruido imprevisto y similares, acontece, es cierto, la percepción, pero el circuito se cierra con una rapidez tal que los dinamismos superiores (sobremanera disociados de los inferiores, por distracción) no llegan a tiempo para inhibir o a controlar la reacción, la cual es en cierto modo extraña al Yo, y por lo tanto está circunscrita en un centro secundario, provisoriamente incontrolado.


SUBCONSCIENCIA

El ciclo n. 4 esquematiza la producción de una sensación vaga a través de un estímulo externo. En la corriente centrípeta no hay energía suficiente para que se forme, con una verdadera y propia intervención de los dinamismos mentales, una percepción distinta; o bien falta a estos últimos la capacidad de proveer una imagen correspondiente que traduzca la sensación. Este último es el caso de ciertas impresiones indefinibles, las cuales nos llegan desde el exterior (sensibilidad meteorológica, sensibilidad ante fenómenos telúricos, instinto de orientación, etc.) sin que se pueda vincular a ellas una apercepción. Estos procesos acontecen a través del gran simpático y forman un tipo de sensibilidad regresiva. El centro cerebral no toma parte en ella[2].  

El tipo 5 nos muestra un proceso análogo, pero que cae aún s abajo del umbral de la conciencia distintiva. El ciclo se cierra tocando apenas la zona de los dinamismos sensoriales. Se encuentran allí comprometidas prevalecientemente las energías oscuras de la vitalidad corpórea.

El proceso de la reacción subconsciente ante un estímulo externo que, por una reducción de la conciencia externa (distracción, duermevela) no emerge, de modo que permanece una cierta traducción sensitiva no reunida con una noción de su origen, es esquematizado en el n. 6. Si el estímulo fuese en vez de origen interno, si viniese de la vida orgánica, se tendría el caso del n. 7.

Un último tipo de subconsciencia, muy común, es la reacción subconsciente a un estímulo externo o interno que, por un estado de reducción también mayor de la conciencia, no llega ni siquiera a ingresar al alma sensitiva sino que tan sólo llega a despertar una cierta actividad mental que es completamente ignorante de la propia causa (n. 8). Los procesos de asociación mental, aparentemente automáticos; la presentación espontánea de imágenes, pensamientos o recuerdos, y también los procesos de ideación onírica, en tanto que las imágenes que se forman en el sueño son como reacciones que traducen simbólicamente ciertos estímulos externos u orgánicos, van comprendidos en esta clase.

Hemos hablado de una subconsciencia que viene de la reducción de la corriente de la atención (voluntad) o de insuficiente intensidad de las corrientes aferentes, o de una incapacidad de traducción cerebral. Es necesario sin embargo considerar una segunda, que es debida a un desapego espontáneo (casos de analgesia histérica) o provocado (en manera indirecta, por uso de anestésicos, de estupefacientes, etc.; o de forma directa, a través de disciplinas especiales, como las de los fakires, etc., a través de una poderosa concentración de la atención sobre una sola idea; a través de la imposición hipnótica, etc.) de los dinamismos superiores por parte de los inferiores. Las corrientes aferentes hallan un hiato que no saben superar y por lo tanto se repliegan y se encierran debajo del umbral de la conciencia. Estas formas de desapego están siempre acompañadas por el marco externo de un sueño más o menos profundo, o por sonambulismo.

Al hablar de la subconsciencia, es necesario hacer mención a la memoria subconsciente (criptomnesia). No hay nada que suceda en la conciencia (en el sentido más amplio en el cual hemos comprendido este término) que no deje un rastro indeleble. En rigor, sólo los procesos de tipo 1 y 2 pueden decirse conscientes y forman parte de la memoria común. Pero ésta es una pequeña sección de un depósito infinitamente más vasto, el cual conserva también los elementos llegados a través de todos los otros procesos que hemos indicado, y que caen bajo el umbral de la conciencia externa, o bien entre las conexiones y las interrupciones de esta última. En circunstancias apropiadas este material infraconsciente y subconsciente puede emerger y manifestarse, indirectamente (escritura automática, visión en el cristal, etc.), o también directamente. Derivan de ello fenómenos de carácter aparentemente inexplicable, muchas veces arbitrariamente atribuidos a causas trascendentes, mientras que su clave casi siempre se encuentra en la memoria subconsciente, como aquella que, gracias al campo enormemente vasto de la sensibilidad subconsciente, presenta una extensión sumamente mayor de la memoria normal.

Se debe sin embargo observar que la distinción entre procesos conscientes y subconscientes no debe ser tomada en sentido absoluto. De hecho el desarrollo de todos los procesos mentales, comprendido aquel, en apariencias más consciente, de la apercepción (n. 1), pertenece a la subconsciencia, y se nos escapa completamente. Ello debe ser dicho también en relación a los procesos de memoria provocados, es decir realizados a través de un esfuerzo de atención, los cuales corresponden al dinamismo denominado consciente, en el sentido de que se sabe desde donde se parte y -aproximadamente- adónde se quiere llegar, pero las fases intermedias se desarrollan en gran parte en la oscuridad. Tal como hemos dicho, las energías aplicadas directamente a los límites periféricos del cuerpo y las mismas de dinamismos vitales y en parte sensitivos son como un "medio" siempre más opaco para la luz de la conciencia externa: por lo tanto, sea por el arco centrípeto como por el centrífugo, en el ciclo de los mismos procesos denominados por nosotros conscientes, en correspondencia a tales energías se debe pensar en un oscurecimiento el cual no se resuelve sino limitando las percepciones periféricas de la conciencia de vigilia (zona del no-Yo).

De cualquier manera, desde el punto de vista funcional los hechos subconscientes no deben ser considerados como hechos marginales y parásitos, sino como constituyentes del sustrato, por oculto, de la conciencia externa. Todos los modos de conciencia propios de las fases intermedias a través de las cuales el ser humano ha llegado a su constitución actual permanecen bajo el umbral de la conciencia externa y son representados por las funciones inferiores (entre ellas, las varias formas de receptividad subconsciente); y son justamente aquellas que permiten la relación entre los varios escalones de la escala de funciones inmanente en el individuo (véase las "pequeñas percepciones" de la doctrina de Leibniz).


SUPRACONSCIENCIA

El esquema n. 9 nos presenta el caso de la percepción supra-normal de un estímulo de naturaleza sensorial propiamente dicha. Es la telestesia, o recepción sensorial telepática, o percepción psíquica. Tal como aparece en el esquema, el ciclo se cierra fuera sea del límite periférico del cuerpo, sea de los dinamismos vitales empeñados directamente en las funciones corpóreas. Se trata de una experiencia realizada en el alma sensitiva, bajo un estímulo que ha sabido llegar a ella directamente, sin el trámite de las corrientes nerviosas o de modificaciones de los respectivos centros. Para aclara esto es necesario pensar que del mismo modo que con el cuerpo físico el hombre se encuentra en un "campo" de dinamismos físicos, así con los otros principios más sutiles, que forman parte también ellos de su ser, él se encuentra virtualmente en contacto con otros "campos" caracterizados por formas de energía menos "degradada". Es sin embargo necesario decir "virtualmente", porque el contacto efectivo acontece lo cuando los dinamismos superiores, a partir de los sensitivos, son desempeñados con respecto al organismo celular corpóreo y nervioso, el cual tiene la tarea de interceptar y de transformar las varias especies de estímulos[3]. Entonces ellos pueden percibir directamente procesos y vibraciones de aquellos otros campos energéticos y de los respectivos "núcleos" que allí se encuentran. En la medida que estos procesos y “núcleos" no tienen correspondencias "cíclicas" también en los campos de energía degradada hasta la forma de la materia y del movimiento perceptible físicamente, además de tenerse la recepción sensorial telepática, se podrán tener también experiencias de fuerzas y de realidades puramente psíquicas, es decir de un plano superior de existencia, que prescinde del sustrato físico, propio de la experiencia en el mundo de los cuerpos[4].  El esquema n. 10 representa un caso que no difiere del precedente, a no ser porque el punto de partida y de clausura interior del ciclo cae en un nivel aún más alto. Es la percepción supranormal de un estímulo de naturaleza propiamente mental. Se vinculan a ello los fenómenos de intuición intelectual, y también de inspiración y de iluminación. El ciclo, tal como se ve en el gráfico, no toca más ni siquiera los dinamismos sensitivos: los dos términos -acción y reacción- tienden casi siempre a fundirse en un acto simple, en una apercepción puramente intelectual[5]. Es sumamente importante referirnos nuevamente aquí a lo que hemos dicho para el caso precedente: es decir, que en estas formas es posible que sean realizados conocimientos de seres y de fuerzas, los cuales no tienen una manifestación visible y sensible en los "campos" físicos, y que también deben ser considerados reales. Por esto, hemos hablado también de casos de "inspiración". Es un nuevo mundo de relaciones del cual el Yo se hace consciente, en la medida y a condición (raramente satisfecha) de que su conciencia de vigilia sepa seguir a la supraconsciencia. El caso-límite está dado por el esquema n. 11: es un circuito que se cierra en la zona del puro Yo-voluntad, con el cual el ciclo se puntualiza y se ensimisma. Es la conciencia integral o autoconciencia en el sentido verdadero e inmediato del término: la percepción directa de la esencia una del Yo, separada de toda modificación de origen corporal, de carácter biopsíquico y también intelectual[6].  Es una forma que, de hecho, no tiene s correspondencias fisiológicas. No se puede hablar ya ni de estímulo ni de reacción, también en el significado s general de estos términos. El proceso de conocimiento aquí es identificación, relación inmediata con las esencias; es un hacerse esencia.


ALGUNAS ACALARACIONES

Queriendo localizar esquemáticamente el campo de la conciencia normal externa, además del límite inferior que, tal como ya se ha mencionado, cae en la zona de los dinamismos sensitivos, se debe considerar un límite superior, variable como el primero, pero que cae en la parte más elevada de los dinamismos mentales. Por encima y por debajo de la franja determinada por aquellos límites, la luz de la percepción distintiva se atenúa y luego se amortigua. Raramente acontece que los estímulos externos logren comprometer una reacción consciente que parte del puro núcleo Yo-voluntad; raramente los mismos procesos mentales y asociativos se cierran penetrando en el "campo:' de este Yo, y recabando una corriente energética por la cual éstos puedan lograr ser controlados y dirigidos en todas las partes.

En rigor se debería hablar de dos umbrales de la conciencia externa: uno inferior y también uno superior: que son dos puertas, la una abierta y la otra entreabierta, respectivamente sobre el mundo físico y sobre el psíquico. Bajo la primera caen los procesos de lo que se hablara en el esquema 5; sobre la segunda se pueden desarrollar procesos del tipo 2, al cual por regla general no le corresponde una conciencia verdadera y propia, puesto que éstos acontecen fuera de la misma zona de los dinamismos mentales, los cuales son justamente aquellos que, a través de análogas modificaciones cerebrales, determinan la autoconciencia común, que sabemos que está apoyada sobre el órgano del cerebro. Se debería hablar pues de dos regiones de las subconsciencia: una subconsciencia inferior (zona de los automatismos, de los dinamismos vitales y orgánicos, que vuelve a epilogar la historia pasada del espíritu) y una subconsciencia superior (que es virtualmente la supraconsciencia) que es la historia por venir del espíritu. La una y la otra forman parte del ser integral del hombre, que es conjuntamente espíritu y cuerpo, psiquicidad y fisicidad, futuro y pasado. Ya se ha mencionado, en efecto, la posibilidad, en vía anormal y en determinadas condiciones, de afloramientos de partes de procesos subconscientes de dos tipos[7]. 

Nuestro órgano cerebral es sensible a la energía mental, pero aún demasiado a través de la sensorial. Se trata habitualmente, más que de un dinamismo mental, de un dinamismo sensorial mentalizado: por lo tanto nuestro pensamiento debe apoyarse sobre las sensaciones y sobre las imágenes y el pensamiento puro (en sentido real, se comprende, y no como abstracción filosófica) no es percibido y cae en la región de la subconsciencia superior. Cuando sin embargo el órgano cerebral sea sensible a la verdadera energía mental, sin intermediarios, entonces el pensamiento pierde para nosotros su carácter de fenómeno interno, inconsciente y casi abstracto, y se convierte en un hecho real, objetivo. En el estado actual de la consciencia, en lo referente a sus relaciones con el no-Yo, el pensamiento es una sensación del estímulo mental más que una percepción del dinamismo mental en sí. Así la neta línea de separación que se ve en el gráfico, entre dinamismos mentales y sensoriales es más que nada, teórica: las dos regiones tienen, para la conciencia común inextricables franjas de interferencia, y el centro del Yo aparente, en vez de estar en , es decir, sobre la misma pura intelectualidad, se encuentra en medio de este enlace.

Digamos algo respecto de la conciencia integral. Ésta debe considerarse como el verdadero punto de partida, el verdadero centro que, como su primera manifestación y exteriorización, adquiere el aspecto de autoconciencia individual. Cuando el núcleo voluntad-Yo puede manifestarse sin limitaciones ni degradaciones, en su esencia dinámica integral es constructor en acto. La modalidad del pensamiento entonces, más que organizadora, puede decirse creadora. Liberándose de los dinamismos mentales, unidos al cerebro, éste puede manifestar directamente -o casi- su energía en la materia física, de modo tal que su creación se emancipa de las normales condiciones de tiempo y de espacio y se convierte, por decirlo así, en instantánea.

Veamos ahora cuáles son las condiciones para el pasaje de la conciencia externa a estas formas supranormales. Tal como se ha mencionado, la energía mental, la energía sensitiva y la energía vital se deben considerar como formas siempre más "degradadas" de una única energía primitiva, que emana de la conciencia integral y que desemboca, hallando siempre mayores resistencias, en los varios órganos en contacto con el mundo externo. La conciencia externa corresponde al estado de mayor limitación. Para realizar las formas superiores de conciencia es necesario que el Yo suprima cada manifestación suya en el campo fisiológico, suspendiendo las relaciones con el mundo externo físico, y así también la conciencia ordinaria de vigilia. Solamente en este modo el mismo podrá retirarse en un campo sensorial y luego en un campo intelectual, eliminando gradualmente todas las resistencias que obstaculizan su dinamismo o que lo encerraban en el circuito del cuerpo. El retiro del Yo del ambiente externo, con el gradual oscurecimiento de la conciencia de vigilia, corresponde, en sentido inverso, al gradual desarrollo de la consciencia misma y llevará consigo la emergencia de facultades nuevas, más o menos subconscientes, que se traslucen paulatinamente. Se pasa a ciclos de los tipos 9, 10, 11. Éstos, por su naturaleza, no tienen ninguna manifestación fenoménica: para que esto acontezca, es necesaria una corriente que reactive la manifestación externa de la conciencia integral, "degradando" parcialmente a esta última y reactivando la parte de los dinamismos representada por aquel automatismo necesario para traducir las modificaciones de la conciencia superior.

Considerando especialmente el aspecto actividad del Yo, cuando el mismo emerge y se manifiesta excluyendo los estratos más externos -es decir, las vías ordinarias de manifestación fisiológica- se producen los fenómenos de exteriorización en sentido estricto: exteriorización del pensamiento, exteriorización de la sensibilidad, exteriorización de la motricidad (acciones a distancia), exteriorización de imágenes visuales (alucinaciones verídicas), e incluso de la misma fuerza virtual y hasta de una parte de sustancia orgánica, como acontece en la formación de ectoplasmas y de materializaciones[8]. Habitualmente son todos fenómenos que requieren la libertad de los dinamismos psico-vitales con respecto al cuerpo, implican una disociación anormal de la unidad fisico-psíquica individual, no siempre aconsejable ni carente de peligros. Además, puesto que la conciencia usual, que es la externa, se basa en la unidad aquí mencionada, la fenomenología de las exteriorizaciones se desarrolla, por regla general, en estados subconscientes (trance mediúmnico, sueño magnético, catalepsia, etc.) todas las veces que no es guiada por un método preciso y por una suficiente elevación espiritual. A nivel práctico, la subconsciencia que toma el lugar de la supraconsciencia puede ser evitada sorteando la disociación verdadera y propia y la suspensión completa de la actividad externa de la conciencia. 

Diremos, a título de una simple mención, que los métodos principales al efecto son de dos tipos. El primero consiste en alcanzar a una excedencia de energía vital interna con respecto a la que es necesaria para alimentar la actividad orgánica habitual. Acontece entonces que ésta no es suspendida y, no siéndolo, se mantiene el estado de conocimiento de la conciencia de vigilia. Por otro lado, la energía excedente permanece sin compromiso y libre de actuar sobre otros planos. La exaltación, la sagrada ebriedad y el sagrado "furor", tantas veces citados en la literatura de los misterios, deben esconder un método de tal tipo. En un segundo caso, se trata de llevar al automatismo ciertos dinamismos, los cuales habitualmente comprometen la atención y la conciencia impidiéndoles dirigirse hacia otro lado. Convertidas en automáticas ciertas funciones, algunas energías superiores se pueden separar de las condiciones y de las limitaciones impuestas por las mismas funciones y permanecer libres para formas de actividad superior. La creación de los monoideísmos, el uso de las repeticiones, la "ritmización" en general puede también referirse a movimientos y a funciones orgánicas (por ejemplo, la respiración) -expedientes de conocido y frecuente uso en todo tiempo entre quienes se han dedicado a la cultura de las capacidades supranormales- son propios del segundo método.

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[1] En términos de esoterismo hermético, estos elementos, si están en estado puro, tienen las siguientes correspondencias: el Yo-voluntad es el Azufre (voluntad) y el Oro (Yo); el cuerpo, como límite periférico, es la Sal; los dinamismos intermedios son el Mercurio, que hace de mediador, y que en cuanto cae debajo del influjo del Oro es el Mercurio activo (alma intelectiva y, en parte, sensitiva); en cuanto cae bajo el influjo del principio Sal, es el Mercurio lunar (alma vegetativa y, en parte, sensitiva).
[2] Esotéricamente, según el aspecto interior, se dirá que éstos acontecen directamente en el "cuerpo sutil".
[3] Herméticamente, se dirá: en estado de separación de Jo "sutil" respecto de Jo "espeso".
[4] Entre otras cosas se puede recordar lo que dice E. C. AGRIPA (De occulta Philos., lll, 23), sobre la percepción de los "démones", que no acontece merced al sentido corpóreo, sino merced al sentido del "cuerpo etéreo", o eidolon, encerrado adentro del despojo humano y camal.
[5] Se refieran a esta condición las expresiones de Plotino, citadas en este mismo capítulo, relativas a los "dos que se convierten en uno" en la conciencia superior.
[6] Véase E. C. AGRIPA, op. Cit., III, 55: "Abandonando cada composición, división y razonamiento multiforme, elevándonos a la vida intelectual y a la simple intuición, podemos contemplar la esencia inteligible merced a las percepciones individuales y simples, cual suprema existencia misma del alma, para la cual somos uno y bajo la cual se unifica nuestra multitud. Así podremos alcanzar al Uno supremo, del cual depende la unión de todas las cosas, por medio del mismo uno, como florecimiento de nuestra esencia, que adquieren en fin cuando, huyendo de la multitud, surgimos en nuestra unidad misma, nos convertimos en uno y actuamos en consecuencia”.
[7] Desde el punto de vista esotérico, en parte subconsciencia inferior y subconsciencia superior (supraconsciencia) pueden no ser dos dominios diferentes, sino un mismo dominio, realizado en dos modos diferentes. En la subconsciencia corpórea "duermen" los "dioses" o, si se prefiere: la supraconsciencia de los dioses y la subconsciencia de los hombres. La supraconsciencia es la realización espiritual de las fuerzas invisibles en acción en los más oscuros procesos corpóreos; fuerzas de carácter no-humano. Por esto, sea en el hermetismo, como en el esoterismo oriental, el cuerpo es considerado como la "materia" para la obra sagrada y, en el simbolismo, a la "resurrección" precede el "descenso a los infiernos" (subconsciencia corpórea). - De aquí la relatividad de lo que APRO denomina cuerpo y espíritu, pasado y futuro del espíritu: son dos fases de un mismo proceso que no es lineal, sino cíclico: el "futuro" del espíritu es una reconvergencia en los estados originarios de la "creación" y cuando la resolución es completa el círculo se transforma en un acto en donde no hay más ni un "antes" ni un "después".
[8] Al aspecto "dinámico" de las "exteriorizaciones" se le contrapone el aspecto "estático" de las relaciones: relaciones sobre el plano mineral (por ejemplo rabdomancia), sobre el plano vital (instinto terapéutico-diagnóstico), sobre el plano psíquico (clarividencia psíquica), etc.