lunes, 26 de junio de 2017

MEDITACIÓN OBJETIVA - MEDITACIÓN SUBJETIVA





Tipos de meditación

(Primera parte)

Swami Bhajanananda



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tipos de meditación_yantra


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Presentamos a continuación la traducción inédita en castellano de un artículo, publicado en la revista Prabuddha Bharata (números Mayo y Junio de 1981) que nos parece interesante y útil de cara a la comprensión de las diferencias entre los distintos tipos de “meditación” dentro de la Tradición hindú. Su autor, Swami Bhajanananda, fue discípulo del archiconocido maestro Vedanta, Swami Vivekananda. Como es sabido, fue Rene Guenon quien ya en su momento denunció las “concesiones” que a finales del siglo XIX y principios del XX llegó a realizar Vivekananda -discípulo de Sri Ramakrishna- de cara conciliar la doctrina Vedanta con determinados círculos religiosos occidentales de carácter anglosajón protestante. Impulsado quizás por una errónea interpretación de la “poli-religiosidad” practicada por su maestro Ramakrishna, Vivekananda se lanzó a una adaptación de la doctrina Advaita a la religiosidad occidental con idea de extender globalmente el Sanatana Dharma como “síntesis de todas las religiones”. Este “movimiento” iniciado en su día en el llamado “Parlamento de las Religiones” sigue teniendo aún hoy en el siglo XXI seguidores muy activos, y para algunos juega un papel siniestro en el proceso de subversión religiosa que vivimos en Occidente. 

Decía Guenon que “[con Vivekananda] … el Vedanta se ha vuelto lo que Schopenhauer creyó ver en él, una religión sentimental y ‘consoladora’, con una fuerte dosis de ‘moralismo’ protestante…” (En “El vedanta occidentalizado”; Capítulo IV de “Introducción general doctrinas hindúes”). En una carta fechada en 1936 el propio Guenon añadía que “… en cuanto a Vivekananda es bien cierto que no aparece ningún sentido metafísico en sus escritos, y por otra parte, si hubiera habido en él una verdadera comprensión no habría comenzado jamás esa especie de propaganda que implicaba todo tipo de concesiones a las ideas occidentales; es verdad que, según lo que me han dicho, lo lamentó mucho al final, y que se habría llegado a dar cuenta entonces, pero ya demasiado tarde, de que era un error.” 

Sea como fuere, y una vez hechas estas advertencias, lo anterior no obsta para que en este texto que presentamos se resuman sucintamente una serie de definiciones y aclaraciones que creemos son conformes a la verdad. Ello puede servir para aclarar, si no cuestiones de carácter metafísico, sí al menos algunas confusiones terminológicas con las que con frecuencia nos encontramos cuando oímos hablar sobre las técnicas de “meditación” de la Tradición hindú.


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PRIMERA PARTE



Antes de comenzar el estudio de los distintos tipos de meditación, se hace necesario tener en mente dos puntos importantes. El primero es que la meditación no es simplemente una forma ordinaria de concentración, sino un tipo especial de concentración interior.[1] El segundo punto es que la meditación no es una disciplina completamente independiente, sino un estadio de la concentración que es común a casi todos los caminos espirituales. Cada camino, sadhana, o disciplina espiritual comienza de forma diferente, pero todos los caminos tienen un estadio que se corresponde con el de la meditación. El nombre que se le da a esta fase común varia según sea el camino, pero cualquiera que sea la forma en la que se le denomine implica alguna forma de consciencia meditativa.

El yoga de Patanjali comienza con la purificación de la mente, la postura, y el control de la respiración. Le sigue el apartamiento de la mente de los objetos exteriores (pratyahara) y la fijación de la mente (dharana) sobre un centro determinado. Después viene la meditación (dhyana). El camino de jñana (conocimiento) comienza con la escucha de las Escrituras (sravana) y la reflexión (manana). Esto conduce a la indagación (nididhyasana), que se corresponde con la meditación. En el camino de bhakti (devoción) el aspirante va desde la oración, el canto de himnos y la adoración, hasta la meditación, que en este caso se conoce con distintos nombres como abhyasa (Ramanuja), smarana y bhavana. Incluso en el camino del karma (la acción) uno encuentra la necesidad de mantener la auto-consciencia en medio del trabajo. De hecho, los maestros Zen hablan de “meditación en la acción”, “meditación andando”, etc. El budismo da más importancia a la meditación que ninguna otra religión. En el cristianismo la principal disciplina espiritual se llama oración. Consta de varios estadios o “grados”. Primero viene la oración verbal, después la oración mental (que se corresponde con manana o reflexión en el Vedanta), después la oración afectiva (oración propiamente dicha realizada con una gran añoranza). Le sigue el cuarto grado de la oración, denominado de distintas maneras: oración de simplicidad, oración del corazón, etc. Este cuarto grado se corresponde con la meditación hindú o dhyana. En el misticismo islámico (Sufismo) se conoce con distintos nombres y juega un papel central.

En todos los caminos el aspirante comienza con una gran cantidad de pensamientos en la mente. Gradualmente éstos se van reduciendo, hasta que aquel alcanza un estadio en donde solo existe un único pratyaya o pensamiento en la mente. Este es el estado consciencia meditativa. Es el camino común que todo aspirante ha de recorrer a fin de realizar a Dios o Sí Mismo Supremo. Más allá de este camino común, se encuentra el reino luminoso del Espíritu.

¿Entonces porqué hay tantas técnicas distintas de meditación? Estas técnicas son en realidad técnicas de dharana, esto es, de fijación de la mente. Son como distintas puertas que abren el mismo camino. Estas técnicas solo enseñan cómo comenzar la meditación, siendo diferentes entradas hacia la consciencia meditativa; pero no enseñan sobre cómo mantener la meditación, lo cual es algo que uno mismo debe aprender por medio de la práctica.

Sin embargo, esto no significa que la meta de la meditación sea la misma para todos. La meta viene determinada por el comienzo, esto es, por la técnica de dharana que se sigue. Cada técnica de dharana conduce por medio de la meditación a una experiencia determinada. Los comienzos y los finales de la meditación son diferentes, pero el proceso de meditación es en sí mismo igual en tanto que se mantiene un único pensamiento. La naturaleza de este único pensamiento (praryaya o vritti) puede también variar de persona a persona. Por ejemplo, uno puede que medite en Shiva, o en Krishna, o en Jesús, o en un objeto impersonal –como la luz, o el cielo, o el sol–. No obstante, el proceso esencial de meditación –el mantenimiento de un único pratyaya o vritti- es el mismo, sea cual sea el objeto sobre el que se medite.

Así pues, la meditación es como un gran punto de unión en el que convergen todos los caminos espirituales; se encuentran, van juntos por una corta distancia, y después divergen de nuevo hacia sus respectivas metas. La meditación también se puede comparar con una ancha carretera con varios carriles marcados sobre ella para servir de guía a los conductores. Cada meditador se mantiene en su propio “carril”, pero todos los carriles forman parte de una gran autopista.


Meditación Subjetiva y Meditación Objetiva

La meditación puede ser de dos tipos: subjetiva y objetiva. La meditación objetiva es la concentración de la mente sobre un objeto. El objeto puede ser en forma de deidad, la luz, el firmamento, etc., o algunas cualidades como el amor, la compasión, la fuerza, o la objetivación del propio sí mismo. La consciencia se focaliza sobre el objeto por medio de un esfuerzo de la voluntad. A la meditación objetiva se le llama upasana.

La meditación subjetiva se llama nididhyasana o atma-vichara. En este caso no se da ninguna focalización de la consciencia ni ningún esfuerzo de la voluntad. Se trata más bien del intento de búsqueda de la fuente de la consciencia; de rastrear el propio “yo” hasta llegar a sus raíces. Es un proceso en el que el ego, en vez de correr hacia los objetos como normalmente hace, se retira en su propia fuente original: Atman.

La mayoría de los aspirantes espirituales encuentran nididhyasana –la meditación subjetiva– difícil de practicar. Tienen éxito en rastrear su “yo” solo hasta cierto punto. Penetrar más allá “hacia atrás” solo le es posible a una mente que está adecuadamente afilada por medio del entrenamiento, y fortalecida por la observancia de la continencia. Upasana –o la meditación objetiva– proporciona a la mente el entrenamiento adecuado. Después de practicar upasana por algún tiempo, se hace más fácil la práctica de nididhyasana. De hecho, en su libro titulado “Advaita Siddhi”, Madhusudana Sarasvati clasifica a los aspirantes a jñana (conocimiento) en dos grupos: kritopasti (aquellos que han adquirido destreza en upasana) y akritopasti (aquellos que van directamente a la indagación sin practicar upasana).

Según Mandana y algunas escuelas tempranas del Advaita, upasana puede dar lugar a la Realización directa de Nirguna Brahman (el Absoluto sin atributos). Pero Sri Shankara y sus seguidores sostienen el punto de vista según el cual upasana solo conducirá a la realización de Saguna Brahman (la Realidad con atributos). Shankara afirma que el beneficio derivado de upasana es, bien la prosperidad material (abhyudaya), o bien la liberación gradual (krama mukti). En otras palabras, para la escuala shankariana upasana no es más que una preparación para nididhyasana. Por otro lado, Ramanuja sostiene que upasana puede llevar a la Liberación completa, llegando incluso la identificarlo con bhakti.

La diferencia entre upasana y nididhyasana como disciplinas diferenciadas ha sido señalada claramente también por Ramatirtha en su bien conocido comentario sobre el Vedanta Sara.[2] También Vidyaranya ha hecho esta distinción describiendo upasana como vastu-tantra (orientado hacia el objeto), y nididhyasana como kartri-tantra (orientado hacia el sujeto).[3]

En el budismo encontramos una distinción similar. La meditación budista es de dos tipos: una es samatha (samadhi en Sánscrito) o concentración mental de varios tipos que conduce a distintas experiencias místicas. Los budistas tibetanos son especialistas en este tipo de meditación. Estas técnicas de meditación existían incluso antes de Buda, quien las practicaba él mismo, pero no se encontraba satisfecho con ellas porque no conducían a la Liberación total. Él calificaba estos estados místicos únicamente como “vivir feliz en esta existencia (dittha-dhamma-sukha-vihara), y nada más”. Según él, las experiencias místicas están creadas, o condicionadas, por la mente. Por tanto, fue más allá y descubrió la otra forma de meditación conocida como vipassana (vipasyanam en Sánscrito) o “comprensión” (insight). Se trata de un método analítico que implica una toma de consciencia constante de todas las experiencias, buenas y malas. No se trata de un apartamiento de la vida, sino de un intento de “comprensión” de la vida que permite ampliar la propia consciencia de uno mismo. Las Escrituras con mayor autoridad sobre vipassana están contenidas en el Satipatthana-Sutta, que forma parte del Tripitaka budista. Una distinción similar a la de la meditación objetivo y subjetiva fue la que dio lugar a las dos escuelas del Zen japonés: Soto y Rinzai.

Lo que es común a ambos tipos de meditación –objetiva y subjetiva– es la consciencia distintiva del centro de consciencia más elevado: el Sí Mismo superior. En ambos casos no se permite que la consciencia se aparte demasiado de este Centro. Pero mientras que en la meditación objetiva se crea un círculo de consciencia alrededor del Centro, y se produce una lucha con la finalidad de detener los pensamientos que distraen del circulo interior, en la meditación subjetiva no hay tal lucha: el aspirante únicamente se mantiene e n el Centro del “yo”. Estrictamente hablando, nididhyasana no es meditación, aunque se traduzca de esa manera. Es más correcto llamarlo “auto-indagación”, y pertenece al camino del conocimiento (jñana marga). Aquí estamos ocupados únicamente con upasana.


Necesidad de combinar la meditación subjetiva y la objetiva

Sin embargo, es importante recordar que estos dos tipos de meditación no son contradictorios entre sí. De hecho, se complementan uno a otro y pueden practicarse a la vez.

La mayor parte de las técnicas de meditación que se le enseñan a los aspirantes son upasanas. La iniciación espiritual (diksha o upadesa) significa habitualmente la iniciación en alguna forma de upasana. En el camino bhakti (devoción) ésta es la única forma de meditación que se practica. Incluso aquellos que estudian textos Advaita raramente ponen en práctica la auto-indagación, y se sienten satisfechos con las meditaciones objetivas. Aunque en el camino del conocimiento (jñana-marga) es el método de nididhyasana el que normalmente se sigue, no hay nada malo en seguir también el camino bhakti. De hecho, es mejor o incluso necesario combinar la auto-indagación con upasana.

Uno de los propósitos de upasana es establecer una relación viviente con Dios (Ishvara), “una relación eterna entre el alma eterna y el Dios eterno”, como dice Swami Vivekananda. El ego ordinario, del cual somos tan dolorosamente conscientes, no es eterno, sino que está sufriendo cambios constantemente. Solo Atman, o el verdadero Sí Mismo superior, es inmutable y eterno. Esto significa que, con el fin de establecer una verdadera relación de amor con Dios, es necesario ser consciente del propio Sí Mismo superior. La auto-indagación aparta al aspirante del ego y lo acerca a Sí Mismo verdadero.

Hay una segunda razón del porqué es deseable la combinación de las formas de meditación objetiva y subjetiva. La meditación se lleva a cabo habitualmente en un centro de consciencia definido, con esto nos referimos al punto donde el aspirante es capaz de sentir el Si Mismo superior o Atman. Es allí donde se debe fijar la mente primero, y es allí donde debe ser adorada la deidad elegida. La mayoría de los aspirantes lo que intentan es visualizar un punto de luz, o un loto en la región del corazón o en la cabeza, pero muchos encuentran esta práctica es demasiado irreal o abstracta. Sin embargo, un cierto grado de nididhyasana o auto-indagación ayudará en gran medida a “localizar” el Centro o verdadero Sí Mismo, y de este modo hacer que el “loto” o la “luz” adquieran un carácter significativo y real. Antes de que el aspirante comience la sesión de meditación, encontrará mas sencillo fijar la mente en el centro de consciencia si invierte unos minutos “rastreando” la fuente original del “yo”. Cada vez que la mente se se aparte de este centro, el aspirante puede aplicar este mismo método. Este es un método mucho mejor de control de la mente que los convencionales. Aquellos que no sienten una devoción intensa encontraran muy útil esta combinación de nididhyasana y upasana.

Hay un tercer punto a favor de esta combinación. Upasana incrementa el propio poder de concentración, pero no incrementa necesariamente en el mismo grado el poder de autocontrol. Como consecuencia, puede que el aspirante encuentre dificultades para no verse afectado por el contacto con otras personas y los ocupaciones y distracciones del trabajo diario. Nididhyasana capacita al aspirante para mantenerse en la verdadera morada interior, calmo e inafectado por el ambiente. Es más, impide que el aspirante interprete equivocadamente las intensas imaginaciones y alucinaciones   tomándolas por experiencias espirituales auténticas; tal y como les ocurre frecuentemente a aquellos que únicamente practican la meditación objetiva. Una experiencia espiritual verdadera transforma la propia consciencia y produce cierto grado de conocimiento del Sí Mismo superior. La auto-indagación es necesaria para reconocer esto. Finalmente, la combinación entre nididhyasana y upasana satisface a ambos, cabeza y corazón.


Upasana en el periodo védico

Es posible que incluso durante el periodo védico temprano hubiese pensadores independientes y grupos de personas que practicasen la meditación como principal disciplina espiritual. Quizás fue así como los sistemas del Samkhya y el Yoga se desarrollaron independientemente de los Vedas.

Upasana aparece primeramente en la literatura védica formando parte de los rituales contenidos en los Brahmanas (la parte de las vedas que trata sobre los ritos). Entonces el énfasis recaía sobre los ritos sacrificiales (yajña). Encontramos en los Brahmanas unas cuantas prescripciones de meditaciones junto con estos ritos. Los sacrificios eran considerados lo más importante, ademas de suficientes en sí mismos para producir los resultados deseados. La meditación se ponía en práctica junto con ellos, y tenía un carácter únicamente auxiliar, sin que existiese como tal de forma independiente. El propósito de esas meditaciones era obtener algún mérito adicional, y su ausencia u omisión no afectaba de ninguna manera a los sacrificios. Este tipo de upasana se llamaba angavabaddha, lo cual significa “conectado con las partes (del sacrificio)”.

De forma gradual, upasana fue separándose de los rituales. En los Aranyakas encontramos meditaciones que sustituyen a los propios sacrificios, pero las meditaciones aún se asemejaban a los sacrificios. Eran fundamentalmente representaciones simbólicas de los rituales exteriores. Es como si la totalidad del ritual exterior fuese transferido a la mente. Estos upasana pueden por tanto denominarse “meditaciones sustitutivas”. Un ejemplo bien conociendo se encuentra al principio mismo de la Brihadaranyaka Upanishad, la cual es un Aranyaka a la vez que una Upanishad. Aquí se ha de meditar sobre el caballo sacrificial identificándolo con el Ser Cósmico (Virat o Prajapati), siendo la cabeza del caballo el amanecer, su ojo el sol, su prana el aire, y así sucesivamente.[4]

El siguiente estadio en la evolución de upasana se encuentra en las Upanishad.  Aquí las meditaciones no están conectadas de ninguna manera con rituales, ni siquiera se asemejan simbólicamente a ellos. Tratan directamente sobre Brahman, la Realidad Última. Pero Brahman es un principio trascendente que no puede conocerse a través de los sentidos ordinarios ni la mente. Siendo así, los grandes sabios de las Upanishad utilizaron varios objetos familiares del universo fenoménico, como el sol, el akasa (éter/espacio), vayu (aire), el agua, prana (la energía vital), manas (la mente, palabras, etc.), a fin de representar simbólicamente a Brahman.[5] No obstante, lo que intentaban los sabios no era la mera concentración de la mente en uno de estos símbolos. De haber sido así, se hubiera tratado únicamente de una forma del ejercicio yóguico conocido como dharana. Lo que en realidad hicieron fue conectar cada símbolo con un determinado esquema de significado –una fórmula espiritual–. En los Upanishad los upasana son meditaciones en estas fórmulas espirituales. Estas fórmulas son dispositivos para guiar la mente desde el símbolo hasta la Realidad. Cuando una mente que está suficientemente purificada medita en una de ellas, se le revela su verdadero significado –la Realidad Última–. Estas fórmulas de meditación se denominaron vidyas.

Así pues, angavabaddhas (en los Brahmanas), las meditaciones sustitutivas (en los Aranyakas), y los vidyas (en las Upanishad), fueron los tres estadios en la evolución de upasana durante el periodo védico. Sri Shankara dice que los upasana inferiores no merecen ser llamados vidyas.[6]

Por tanto, los vidyas representan las formas más elevadas de upasana. La totalidad del conocimiento de las Upanishad provino de las meditaciones de los grandes rishis sobre estos vidyas. Fue a través de estas meditaciones como descubrieron las grandes verdades que están subyacentes en el universo fenoménico. Un científico intenta comprender la verdad última siguiendo una serie de pasos, analizando meticulosamente cada uno de ellos. Pero en la India ancestral los sabios fueron directamente a la Realidad con la ayuda de ciertos arquetipos mentales. Dice Deussen: “El hecho de que India es, más que ningún otro país, la tierra de los símbolos, se debe a la naturaleza del pensamiento indio, el cual se dedicó a los problemas mas abstrusos incluso antes de que estuviera en una posición de tratarlos inteligentemente.”[7]

Los vidyas son arquetipos de Brahman. En la India antigua cada maestro desarrolló su propio modelo conceptual de Brahman y lo enseñó a sus discípulos como técnica de meditación. Fue asi como llegaron a existir tantos vidyas. Algunas Upanishad, en especial la Brihadaranyaka, Chandogya y la Taittiriya, son ricos almacenes de estos vidyas. Se le llegó a dar tal importancia a los vidyas que los Brahma Sutras tienen toda una sección dedicada exclusivamente a ellos.[8] En realidad los vidyas tienen la llave de las Upanishad, y nadie puede comprender adecuadamente las Upanishad sin comprender los vidyas.

Se dice que los vidyas son un total de treinta y dos[9] , pero los sabios ancestrales han conocido muchos más. Entre éstos, son bien conocidos, gayatri-vidya, antaraditya, maddhu-vidya, sandilya-vidya y sahara-vidya. Esta más allá del ámbito de este artículo tratar en detalle sobre estos vidyas. Se han de aprender directamente de maestros competentes que hayan alcanzado la iluminación a través de ellos. Pero el linaje de los rishis védicos había terminado mucho tiempo antes del comienzo de la era cristiana, y en ausencia de una tradición viviente, los vidyas se dejaron de practicar y su verdadero significado interior fue pronto olvidado.

Una de las causas principales del abandono de los vidyas fue el surgimiento del budismo y su influencia sobre el pensamiento hindú. Una segunda razón fue la cristalización de la filosofía hindú en seis escuelas o darsanas, y el triunfo del sistema Advaita. La experiencia no dual se buscaba originalmente a través de una expansión gradual de la consciencia obtenida por medio de la práctica de los vidyas, pero gradualmente la meta se convirtió en algo más importante que los medios. El Vedanta abandonó sus raíces místicas, se hizo mas especulativo y polemista, y de este modo fue más allá de la vida y de la experiencia. Una tercera razón para el abandono de los vidyas fue la popularidad del Yoga, y mas tarde de los Tantras.

Bajo la influencia del Yoga y del Tantra se desarrollaron nuevas técnicas de meditación durante la Edad Media; técnicas que han sobrevivido hasta estos días. Las técnicas de meditación de los tiempos modernos están fuertemente influenciadas por el Yoga y el Tantra. Ahora estamos viendo un gran resurgir del misticismo, y los métodos ancestrales están siendo adaptados a las necesidades de los aspirantes modernos. Algunas personas emprendedoras están experimentando con nuevas técnicas de meditación.
A continuación, examinaremos los métodos tradicionales de meditación que aún sobreviven y son pertinentes para los tiempos actuales.



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[1] Ver “Concentration and meditation”, del mismo autor; revista Prabhuda Bharata, Julio de 1980
[2] Upasananam jnanad bhedam darsayati manasavyapararupaniti / Nididhya- sanad bhedamaha saguneti. (En “Vidvanmanoranjani sobre Vedanta Sara” 1. 12).
[3] Vastutantro bhaved bodhah kartutantramupasanam. (En “Panchadasi” 9. 74).
[4] Om usa va asvasya medhyasya sirahBrihadaranyaka Upanishad 1.1.1
[5] Ver Paul Deussen, The Philosophy of the Upanishads (New York: Dover Publications Inc., 1966), pp 99-125.
[6] Shankara, Comentario a los Brahma Sutras, 3.4.52
[7] The Philosophy of the Upanishads, p.120
[8] Brahma Sutras 3.3
[9] Cf. K. Narayanaswami Aiyar, The thirty two vidyas (Madras: The Adyar Library and Research Center, 1962). También cf. Swami Gambhirananda, "Upanisadic Meditation," en The Cultural Heritage of India (Calcutta: Ramakrishna Mission Institute of Culture, 1965), Vol.1