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lunes, 23 de enero de 2017

ESTADOS-ENVOLTURAS-CUERPOS





LOS CUATRO ESTADOS,
LAS CINCO ENVOLTURAS,
Y LOS TRES CUERPOS


Avinash Chandra



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sanatanadharmatradicional


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Extracto del libro titulado “El científico y el Santo” (Capitulo 5.II), en donde además de describir en un lenguaje sencillo cuáles son los llamados “estados”, “envolturas” y “cuerpos” según el Vedanta Advaita, el hace una breve descripción del proceso que sufre el ser humano ordinario tras la muerte.
  
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El pensamiento filosófico occidental se basa en el estado de consciencia «normal», es decir, el que tenemos cuando estamos «despiertos ». El estado onírico se considera no real, solo válido psicológicamente, mientras que el estado de sueño profundo, al no poseer en apariencia consciencia, es ignorado salvo en lo que a sus implicaciones fisiológicas se refiere. El pensamiento indio, por su parte, considera que el hombre tiene cuatro «estados» (avasthâ): el estado de vigilia (jagrat), durante el cual se conocen los objetos externos; el estado onírico (svapna), gracias al cual se conocen los objetos internos; el sueño profundo (susupti), en el que no se percibe ni se desea nada pero se experimenta vagamente felicidad; finalmente, turiya, «el cuarto [estado]», es Atman en su estado puro, la Consciencia Suprema. Dice la Mandukya Upanishad:  

Consideran como el cuarto aquel en el cual no se conocen los objetos internos, ni se conocen los objetos externos, ni se conocen ambos. En él no se encuentra ni una masa [indistinta] de conocimiento, ni conocimiento [diferenciado] ni no conocimiento [diferenciado]. Es invisible, no empírico, inaprensible, indefinible, impensable, inefable, es aquel cuya esencia es la consciencia de la unidad del atman, el lugar de reposo de la manifestación, el tranquilo, el benigno, el no dual. Ese es aquel que consideran el cuarto. Ese es el atman. Ese es el que se debe conocer.

El «cuarto estado» es considerado la Realidad Suprema; los otros tres tienen una realidad relativa, pues están condicionados. A los sueños se les otorga un cierto nivel de realidad, inferior al del estado de vigilia pero no radicalmente diferente de este. El estado onírico, durante el cual la mente construye mundos con apariencia de realidad, tiene la capacidad de poner en duda la realidad absoluta de las experiencias de la vigilia. Por otro lado, los sueños nos muestran que la luz de la consciencia y los sentidos no dependen del mundo exterior. «Durante el estado de sueño el atman brilla con su propia luz y se nos muestra con toda claridad », dice Shankaracharya:

 Durante el estado onírico, estando en la oscuridad de la noche con el cuerpo en reposo y los sentidos apagados vemos mundos luminosos llenos de imágenes en nuestros sueños. Incluso una persona que se vuelva ciega verá imágenes en sus sueños. Esto prueba que la luz de la consciencia no viene de fuera, sino del interior. En el estado de vigilia la luz del atman, al estar mezclada con la luz externa que captan los sentidos, no se percibe claramente, mientras que en el estado de sueño la luz del atman brilla por sí misma. Aunque las formas que veamos vengan de las impresiones latentes, la luz que ilumina esas formas es la del atman.

En cuanto al estado de sueño profundo, es curioso observar que en la India no se considera que esté desprovisto de consciencia. Cuando uno se despierta recuerda vagamente una experiencia de gozo y dice: «Dormí muy profundamente y no fui consciente de nada». ¿Cómo podría uno tener la memoria de esta experiencia de desconocimiento, en un estado en que la mente no funciona, sin que hubiera algún elemento de consciencia? Para explicarlo se cuenta la siguiente historia:

Se le ordena a un soldado que monte guardia por la noche en una determinada localidad. Al día siguiente, el capitán le pregunta: -¿Pasó alguien por la calle? -No, señor, no pasó nadie. - Y tú, ¿estabas allí? -Desde luego, señor. Si yo no hubiera estado, ¿cómo podría saber que no había nadie?52 La mente se encuentra sumergida en la oscuridad pero el testigo observa esa oscuridad. De no ser así, no podríamos saber que no sabíamos nada. El sueño profundo es la consciencia de la ignorancia, de la oscuridad. Generalmente, uno piensa que el sueño profundo representa la ausencia de consciencia. Curiosamente, tanto el Vedanta como el Samkhya Yoga invierten la expresión: el sueño profundo no es la ausencia de consciencia sino, más bien, la consciencia de ausencia.

Estos cuatro estados están en relación con las cinco «envolturas» (kosa) que «cubren» el Atman: l) el «envoltorio hecho de alimento » (annamayakosa) forma el cuerpo físico; 2) el «envoltorio hecho de prana» (pranamayakosa) es el ámbito donde circulan los pranas, las fuerzas vitales, las cuales causan la muerte cuando se retiran; 3) el «envoltorio hecho de mente (manas)» (manomayakosa), que contiene también el ahamkara; 4) el «envoltorio hecho de conocimiento» (vijñanamayakosa), formado por buddhi, el principio de la inteligencia, citta, la memoria, y los indriyas, los sentidos sutiles; y 5) el «envoltorio hecho de felicidad» (anandamayakosa); este último, a pesar de estar hecho de gozo, no deja de ser un velo que cubre al Atman puro: está hecho de la ignorancia original (avidya) que crea un centro aparentemente separado del Todo. Estas cinco envolturas se agrupan en tres «cuerpos» (sarira): el cuerpo tosco o físico (sthüla sarira), idéntico al primer envoltorio; el cuerpo sutil (suksma o linga sarira), formado por los tres siguientes, que comprende toda la parte psíquica del hombre, y el cuerpo causal (karana sarira), llamado así pues es la causa, la semilla, de la vida humana) por el último. A cada uno de estos cuerpos y envolturas corresponden otros tantos «reinos» de naturaleza similar en el macrocosmos:

Cada kosha depende del nivel correspondiente del macrocosmos para su sustento, y hay una interacción constante entre el microcosmos y el macrocosmos a cada nivel. En el nivel físico, el cuerpo (annamaya-kosha) es alimentado por la comida, el agua, el oxígeno, etc., del mundo exterior. De forma análoga, el manomaya-kosha interactúa con las otras mentes humanas a través del intercambio de ideas, información, sentimientos, etc. Cada nivel del macrocosmos tiene su propia esfera de conocimiento, y en ella todos los acontecimientos están gobernados por sus propias reglas y leyes. El nivel físico tiene su esfera de conocimiento y está regido por leyes físicas; el nivel del prana tiene su propia esfera de conocimiento y está gobernado por leyes biológicas; el nivel mental tiene su propia esfera de conocimiento y está gobernado por leyes psicológicas.

En el momento de la muerte, el cuerpo físico, del que salen los pranas o alientos vitales, se descompone en poco tiempo. El pranamayakosha, formado por los pranas, se descompone más lentamente en la cercanía del cadáver (lo que da lugar en ocasiones a «fantasmas»). Pero el resto del cuerpo sutil no muere y continúa viviendo en el mundo sutil o psíquico. Los sentidos de percepción (que durante la vida física funcionan en conexión con los órganos físicos pero que son independientes de ellos) están presentes en él, por lo cual es capaz de percepción. Tras pasar el individuo una temporada más o menos larga en los reinos sutiles que están en armonía con su naturaleza (en terminología religiosa, cielos e infiernos), el manomayakosha se desintegra a su vez y el jivatman o ser individual, formado por el vijñanamayakosha y el cuerpo causal, vuelven a tomar nacimiento en el mundo tosco, el «mundo de la acción». Tras el nacimiento, un nuevo manas y un nuevo ahamkara se vuelven a formar poco a poco. Pero el nuevo ser trae consigo el chitta (que forma parte del vijñanamayakosha), el «depósito» donde residen los samskaras y el karma, la «huella» de las acciones anteriores, lo que hace que no sea una tabula rasa. El jivatman muestra así, de un nacimiento a otro, tanto continuidad como discontinuidad. El hinduismo pone énfasis en la continuidad, el budismo en la discontinuidad. Para que no se piense que existe una substancia individual permanente, los budistas explican el proceso con la parábola de una vela que enciende a otra vela. El Buda decía: «Él partió de ahí, yo nací aquí». El Atman no es ninguno de estos cuerpos o envolturas, los cuales son otros tantos velos que lo cubren. Y ningún velo es eterno: solo el Atman lo es. La tarea del yogui es ir tomando consciencia de estos ámbitos basta descubrir que su ser real los transciende. En palabras de Shankaracharya:

Por la unión con las cinco envolturas, etc., el atman puro parece como si estuviera hecho de una cosa o de otra, como un cristal sobre una tela azul, etc.
 Hay Uno auto-existente, eterno, que es la base de toda creencia en «yo soy»--, que es el testigo de los tres estados de consciencia-jagrat, svapna, y sushupti- y que está separado de las cinco envolturas. [ ... ]El Atman, que está envuelto por cinco envolturas distintos, no se manifiesta. Así como el agua está cubierta por el musgo que surge de ella, así el Atman está cubierto por esas cinco envolturas. Pero si apartas el musgo, entonces puedes ver perfectamente el agua clara, y esta quita la sensación de sed y proporciona alivio inmediato. Así que si estas cinco envolturas son apartadas, el Atman se manifestará - puro, eterno gozo, inmutable, directo y autoluminoso--.

Hasta que no se alcanza la no-dualidad perfecta y la relación sujeto- objeto no desaparece, esta luz pura se colorea según las creencias del sujeto. El santo percibe esta Consciencia Suprema con los colores de su religión y tradición concretas.

Según el Vedanta, a través de la contemplación, la fe religiosa y la devoción, la mente se transforma en algo tan sutil y puro que es capaz de reflejar la Consciencia primordial que subyace en todo ser vivo; pero, ya que todavía es una mente, este reflejo del Ser es «interpretado » según las creencias espirituales del devoto. La mente se eleva entonces a un estado de gozo y calma poco habitual. Pero observemos que estos éxtasis implican todavía una relación sujeto-objeto, esto es, el devoto y su concepción de la Divinidad, lo que no impide que estas experiencias místicas tengan un poder de transformación extraordinario sobre todo el aparato psicobiológico del hombre.

Aunque la consciencia está presente en todas las cosas, las envolturas y velos que tiene cada persona, animal, vegetal o mineral delimitan su capacidad de manifestarse. En el sufismo, Aziz Nasafi:

El mundo espiritual es un único espíritu que se halla como una luz detrás del mundo corpóreo, y que, cuando alguna criatura particular llega al ser, brilla a través de ella como a través de una ventana. Según la forma y el tamaño de la ventana, entra más o menos luz en el mundo. La luz en sí misma, sin embargo, permanece inmutable.

Una vez que ha apartado los velos, la consciencia se encuentra en su estado puro, libre, y no necesita el cuerpo ni la mente para funcionar:

Se puede preguntar: si los órganos de los sentidos son solo los medios de conocimiento, y la consciencia es el verdadero conocedor, ¿puede la consciencia funcionar independientemente de esos La consciencia en el pensamiento de la India medios, o debe siempre depender de ellos? La respuesta es que la consciencia puede funcionar independientemente. Cuando está contaminada por la impureza (mala) y está confinada y limitada por el cuerpo, la consciencia depende de los órganos de los sentidos para conocer. Cuando alguien se encuentra recluido dentro de los muros de una casa, se necesitan ventanas para mirar afuera y ver el mundo exterior. Pero cuando uno se libera de ese confinamiento, se puede ver directamente sin ventanas ni aparatos. Similarmente, cuando el atman o la consciencia está libre del confinamiento del cuerpo, puede percibir sin los órganos de los sentidos.

Ramana Maharshi explica así, basado en su propia experiencia, la relación entre el Atman y la mente y cómo el sabio puede prescindir de esta:

El Atman es el Corazón. El Corazón es auto-luminoso. La luz surge del Corazón y alcanza el cerebro, que es la sede de la mente. El mundo se ve con la mente, esto es, mediante la luz reflejada del Atman. Es percibido con la ayuda de la mente. Cuando la mente está iluminada es consciente del mundo; cuando no lo está, no es consciente del mundo. Si la mente se vuelve hacia adentro, hacia la fuente de luz, el conocimiento objetivo cesa y el Atman brilla en soledad como el Corazón. La luna brilla por la luz reflejada del sol. Cuando el sol se pone, la luna es útil para revelar los objetos. Cuando el sol ha salido nadie necesita la luna, aunque su disco pálido sea visible en el cielo. Así es con la mente y el Corazón. La mente es útil gracias a su luz reflejada. Se utiliza para ver los objetos. Cuando se vuelve hacia el interior, la fuente de iluminación brilla por sí misma, y la mente permanece tenue e inútil como la luna durante el día.



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martes, 27 de diciembre de 2016

CREACIÓN Y EVOLUCIONISMO




LAS INTERPRETACIONES TRADICIONALES
DE LA CREACIÓN

Avinash Chandra

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sanatanadharmatradicional



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Extracto del capítulo III del libro titulado "El científico y el santo" de Avinash Chandra. Publicado en J.J. Olañeta 2015. El autor, tras demostrar ampliamente la falsedad de la teoría de la evolución de las especies, la abundancia de pruebas científicas que la contradicen, y su persistente e insidiosa perpetuación por razones de carácter puramente ideológico, pasa a exponer brevemente en el fragmento que extraemos los planteamientos tradicionales sobre la Creación en distintas culturas y tradiciones. 

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Los evolucionistas reprochan con frecuencia a sus críticos denunciar las incongruencias del darwinismo sin proponer ninguna teoría científica alternativa. A esta objeción Rémy Chauvin (cuya posición consiste en suspender el juicio y confesar su ignorancia) responde que esto equivale a mantener a una persona con una buena coartada en la cárcel ¡con el pretexto de que antes de liberarle hay que encontrar al verdadero culpable! Mae-Wan Ho y Peter Saunders añaden que,

Lo más importante que hay que subrayar sobre la alternativa que se presenta es que no se trata de una nueva teoría, como querría hacer creer el neodarwinismo, sino de un paradigma. Es una forma de enfocar los problemas más que una solución.

La visión alternativa es la que siempre ha mantenido la humanidad, lo que algunos han llamado la philosophia perennis, por el hecho de haber sido defendida en todo tiempo y lugar. Cualquier hipótesis científica debería estar integrada en un paradigma que no sea incompatible con la visión que siempre han tenido los más eminentes pensadores de la humanidad - mientras que los paradigmas en vigor están fuertemente influidos por la visión europea post-cristiana de los siglos xvm y XlX-. Una visión que admite varios niveles de existencia, y donde todo lo existente no se reduce arbitrariamente al mundo físico. Negar esta visión como «metafísica» supone asumir, quizá sin saberlo, la metafísica implícita en el materialismo. Hablando sobre esta batalla metafísica que tiene lugar, Seyyed Hossein Nasr escribe:

Esa defensa de la evolución implica una batalla no por la verdad científica sino por la «fe», porque proporciona la única manera posible de ocultar la penetración de las realidades arquetípicas, de las que las especies son reflejos terrenales en el plano físico, y el único medio de ofrecer algún tipo de explicación aparentemente aceptable que permita al hombre vivir en este mundo entre la increíble variedad de las formas de la naturaleza pero en el olvido del Uno transcendente que es la fuente de esta variedad. [ ... ] Metafísicamente, la vida viene antes de la materia, el mundo sutil antes de la vida, el Espíritu antes del mundo sutil, y la Realidad Suprema antes de todo lo demás; un «antes» que significa «en principio», cualquiera que pueda haber sido el orden cronológico de la aparición de la materia, la vida y la consciencia en el escenario de la existencia cósmica. La intuición intelectual, que permite al hombre conocer la scientia sacra, proporciona esta absoluta certeza de la primacía de la consciencia sobre la vida y la materia.

Veamos ahora cómo esta «ciencia sagrada», la filosofía profunda o visión que ha constituido el corazón de todas las religiones, interpreta estos hechos. Ti tus Burckhardt explica cómo la filosofía platónica daba mejor cuenta de la realidad que las concepciones «horizontales»:

El hilomorfismo clásico [ ... ] distingue la «forma», el «sello» de la unidad esencial de una cosa o un ser, de la «materia» que, en cuanto substancia plástica, recibe esta marca confiriéndole una determinada existencia. Ninguna teoría moderna ha podido sustituir a esta antigua doctrina, ya que la realidad y toda su riqueza no se explican reduciéndolas a una u otra de sus «dimensiones». [ ... ] No se quiere ni se puede comprender que el surgimiento espontáneo de las especies presupone un proceso vertical respecto al plano físico, el «descendimiento» de prototipos no físicos. En resumidas cuentas, el evolucionismo y todas sus contradicciones intrínsecas resultan de la incapacidad - propia de la ciencia moderna- de concebir «dimensiones » de la realidad que no sean encadenamientos puramente físicos.


Ananda Coomaraswamy establece un paralelismo entre la concepción platónica y la india:

«El Autoexistente perforó hacia afuera los ojos, por eso las criaturas ven» (Katha Upanishad IV.I ); lo que quiere decir que los ojos han «evolucionado» porque la vida inmanente deseaba ver, y de forma análoga con las otras facultades sensoriales, con el pensamiento y con la acción[ ... ]. A causa de este deseo o «voluntad de expresión» hay un «descenso a la materia» u «origen de la vida», universal y localmente. [ ... ] Cuando y siempre que esas causas [mediatas] convergen para preparar el medio o contexto temporal y espacial sin el que una posibilidad dada no puede ser realizada, la forma correspondiente emerge o aparece: un mamífero, por ejemplo, no podía haber aparecido en el Silúrico, mientras que no podía no aparecer cuando por la acción de causas naturales la Tierra, más tarde, estuviera preparada para la vida de los mamíferos.



La gran cadena de los seres

La evolución darwinista de los seres es una versión secularizada prescindiendo de la dimensión vertical- de la doctrina metafísica de la gradación, o la «gran cadena de los seres», una cadena que va del Uno a todos los seres, pasando por hipóstasis intermedias, y que une a todos los seres entre sí y con su Origen. En Oriente esta es una idea básica de la concepción del mundo, pero Arthur O. Lovejoy expone que esta idea estaba también muy presente en la antigua sabiduría occidental:

Alberto Magno había ya escrito en su De animalibus (Lib. II) que «la naturaleza no hace clases [de animales] separadas sin hacer algo intermedio entre ellas; porque la naturaleza no pasa de extremo a extremo nisi per medium». Tomás de Aquino hace igualmente hincapié sobre el «maravilloso encadenamiento entre los seres (connexio rerum)» que la naturaleza «nos revela a la vista. El miembro más bajo del género superior se encuentra siempre muy próximo al miembro más alto del género inferior.

Según Nicolás de Cusa:

Todas las cosas, por diferentes que sean, están unidas. Hay en los géneros de las cosas una conexión entre la más alta y la más baja, de manera que se encuentran en un punto común. Existe un orden tal entre las especies que la especie superior de un género coincide con la inferior del género siguiente, de manera que el universo pueda ser uno, perfecto y continuo.

Moisés de León:

Todo está unido con todo hasta el anillo inferior de la cadena, y la verdadera esencia de Dios está tanto por encima como por debajo, tanto en los cielos como en la tierra, y nada existe fuera de Él.

Muchos siglos más tarde, Leibniz retomó esta idea:

Así, los hombres están unidos a los animales, estos a las plantas y estas a los fósiles, los cuales a su vez se funden con aquellos cuerpos que nuestros sentidos y nuestra imaginación se representan como absolutamente inanimados. Y, ya que la ley de la continuidad requiere que cuando los atributos esenciales de un ser se aproximan a los de otro todas las propiedades de aquel deben igualmente aproximarse gradualmente a las del otro, es necesario que todos los órdenes de los seres naturales formen una única cadena, en la que las diversas clases, como otros tantos eslabones, estén tan íntimamente ligadas entre sí que es imposible para los sentidos de la imaginación determinar el punto preciso en que acaba una y comienza la siguiente, ya que todas las especies que, por decirlo así, se encuentran cerca de la frontera o en ella son equívocas, y están dotadas de caracteres que podrían ser igualmente asignados a alguna de las especies vecinas.

En la literatura clásica de la India se usa a menudo la expresión «desde Brahma [el dios creador, primera limitación del Absoluto] hasta una brizna de hierba» para mostrar la unidad de todo cuanto existe, animado o inanimado. Vista desde esta perspectiva, la teoría de la evolución parecería, más que una falsedad, una verdad parcial, pues es -por decirlo de alguna manera- la proyección horizontal, en dos dimensiones, de un proceso que tiene lugar en tres. Es, pues, más falsa por lo que omite que por lo que dice. Para Martín Lings:

El ascenso gradual sin retomo concebido por el evolucionismo es una idea que ha sido tomada de forma furtiva de la religión y transpuesta ingenuamente del reino supra-temporal al temporal.  

En la visión espiritual tradicional, el Principio divino da origen al mundo celestial (el reino de los arquetipos), este al mundo mental y este, a su vez, al físico. Esta concepción, aunque indemostrable «científicamente » - igual que la materialista-, explica sin embargo muchas cosas que permanecen inexplicables según el paradigma fisicalista. Por ejemplo, la existencia de la consciencia y el hecho de que las cosas tengan cualidades. Los objetos físicos no son únicamente «físicos», de la misma manera que el hombre no es solo su cuerpo físico.

Según Frithjof Schuon:

El evolucionismo transformista es el ejemplo clásico de esta idea preconcebida de inventar causas «horizontales» porque no se quiere admitir una dimensión «vertical»: se intenta arrancar al plano físico una causa que este no puede proporcionar y que se sitúa necesariamente por encima de la materia. [ ... ] No pedimos a los físicos que se contenten con un creacionismo antropomórfico e ingenuo; pero sería cuando menos lógico por su parte -puesto que aspiran a una ciencia total y sin fallos- que se esforzaran en comprender las doctrinas ontocosmológicas tradicionales, y en especial la doctrina hindú de las «envolturas» (kosha) del Sí mismo (Atma), doctrina que, precisamente, presenta el universo como un sistema de círculos que van del Centro-Principio hasta ese extremo límite que es para Evolución, creación, manifestación ;nosotros la materia. Pues la ciencia humana no deriva únicamente de la necesidad de saber y registrar, sino que tiene como origen, más profundamente, la sed de lo esencial; ahora bien, el sentido de la esencialidad nos atrae hacia orillas distintas a las del plano limitado que solo contiene los fenómenos físicos.

¿Acaso sería concebible una empresa comercial - algo muchísimo menos complejo- sin unas jerarquías, sin que un nivel superior controlase y coordinase a los niveles inferiores? De la misma manera, el cuerpo físico, cuyos billones de componentes funcionan de manera asombrosamente coordinada y armónica, necesita la organización y control de algún otro principio, un principio que no puede encontrarse en el mismo plano, y esto en varios niveles jerárquicos. Esto es lo que postula el pensamiento indio cuando establece que tras el cuerpo físico (hecho de anna, alimento) hay una «envoltura» (kosha) hecha de energía vital (prana), una envoltura mental, una de conocimiento y, finalmente, una envoltura causal (que contiene la «semilla o causa» de todos los demás). La envoltura de prana es así el intermediario entre la mente y el cuerpo físico, y la que se encarga de vitalizar, dar forma y organizar a este último. Fisiologías sutiles similares existen también en otras tradiciones. Esta visión no contiene la enorme e infranqueable dualidad espíritu- materia, Dios-mundo material, natural-sobrenatural. Propone una serie de niveles jerárquicos, desde el material hasta el Espíritu o Consciencia pura o «Dios» (por usar su nombre más común en Occidente). En vez de comparar a Dios con un rey que gobierna el universo desde fuera mediante acciones directas u órdenes, hagámoslo con una luz que se extiende a través de varias capas con refracciones distintas hasta iluminar finalmente la parte más baja. Así, la «luz» que llega al mundo material no procede directamente de la fuente, sino, más o menos distorsionada y debilitada, de la capa inmediatamente superior. La Divinidad no actúa directamente, interviniendo en el universo mediante milagros o cambios de rumbo, sino que es como la «electricidad» que permite que todo funcione.


Evolución, creación, emanación, manifestación

Tanto los evolucionistas como los creacionistas plantean a menudo la alternativa «evolución o creación» como la única posible. En un mundo que ha perdido de vista la visión tradicional de los múltiples planos de existencia, y que ha olvidado la consciencia del «ser para concentrarse exclusivamente en el «devenir», la mayoría de los científicos prefiere la teoría de la evolución, que les ofrece un proceso causal plausible y claro, a la creación bíblica, cuya única base parece ser la fe. Roberto Fondi considera, sin embargo, que la verdadera alternativa no radica en evolucionismo o creacionismo, sino en evolucionismo u organicismo - la concepción opuesta al mecanicismo, que considera primordial el todo-.

Desde un punto de vista estrictamente científico, el dilema «¿evolución o creaciónes paralizante y superfluo, porque acaba inevitablemente en un círculo vicioso o en un callejón sin salida. Esto es así porque el primer término de la alternativa puede ser sometido, al menos hasta un cierto punto, al método científico, pero no el segundo. [ ... ] La ciencia no es en absoluto incompatible con esta concepción [creacionista], pero tampoco tiene necesidad de ella y, de hecho, no puede siquiera tomarla en consideración. [ ... ]A pesar de esto - y estoy tentado de decir que la cosa es bastante paradójica-, son a menudo los mismos científicos quienes avalan el dilema evolucionismo-creacionismo en vez de rechazarlo. Y lo hacen con el objetivo no totalmente inocente de sugerir que no tienen otra elección. «En tanto que científicos, precisamente, debemos ser evolucionistas »: esto es lo que substancialmente dicen.

Efectivamente, desde el punto de vista estrictamente científico la hipótesis creacionista no es verificable -como tampoco recusable-. El creacionismo de las religiones abrahámicas propone una barrera infranqueable entre Dios y su creación, una falta de continuidad que la ciencia no puede saltar. El emanacionismo, por el contrario, al enfatizar la continuidad entre la Divinidad y el universo que esta «emite» o «irradia)), permite concebir un todo --en esto se basa el organicismo- en el que el «Uno» y el universo físico de la multiplicidad son los polos extremos, permitiendo así, al menos en teoría y hasta cierto punto, «remontan la corriente desde abajo. En las tradiciones religiosas hay dos concepciones principales sobre el origen del mundo y las criaturas. La más conocida en Occidente -a menudo la única conocida- es la del relato bíblico del Génesis, que el cristianismo comparte con el judaísmo y en gran medida con el islam. Sin embargo, en varias tradiciones orientales, como el hinduismo o el taoísmo, el mundo no es resultado de la creación de una Divinidad exterior, sino la «emanación» a partir de un Principio divino, la «manifestación » de lo que era basta entonces inmanifestado. Esta era también la concepción de Platón y Plotino. Richard Tarnas explica así la emanación tal como la enseñaba Plotino:

El cosmos neoplatónico es el resultado de una emanación divina de lo Uno supremo, cuyo ser es infinito y está más allá de toda descripción o categoría. Lo Uno, al que se llama también el Bien, produce, en un desbordamiento de extrema perfección, lo «otro» --el cosmos creado en toda su variedad- en una serie jerárquica de gradaciones que se alejan de este centro ontológico hacia los límites extremos de lo posible. Este primer acto creador es la emanación, a partir de lo Uno, del Intelecto divino o Nous, la sabiduría omnipresente del universo que contiene las Formas o Ideas arquetípicas que son la causa del orden del mundo. Del Nous surge el Alma del Mundo, que contiene y anima el mundo, origina las almas de todos los seres vivos y constituye la realidad intermedia entre el Intelecto espiritual y el mundo de la materia. La emanación de la divinidad a partir de lo Uno es un proceso ontológico que Plotino compara con la luz que se aleja gradualmente de una vela hasta que termina desapareciendo en la oscuridad. Las diversas gradaciones, sin embargo, no son dominios separados en sentido temporal o espacial, sino niveles distintos de una presencia intemporal en todas las cosas. Las tres «hipóstasis» -lo Uno, el Intelecto y el Alma- no son literalmente entes, sino más bien disposiciones espirituales, de la misma manera que las Ideas no son objetos distintos, sino diferentes maneras de ser de la Inteligencia divina.

Coomaraswamy explica cómo esta emanación no tiene lugar en el tiempo, sino en el eterno ahora:

En toda doctrina tradicional, la eternidad no es algo que dura para siempre, sino un «siempre-Ahora», y [ ... ] la gradación implica la creación de todas las cosas no meramente en un «principio» sino en este Ahora de la Eternidad, de manera que, como dice Filón, «se refuta la idea de que el universo vino al ser "en seis días"», y aunque «debemos pensar que Dios hace todas las cosas de una vez», «una secuencia estaba necesariamente inscrita en la narración, debido a la generación subsecuente de una cosa a partir de otra», subsecuencia que corresponde a lo que ahora llamamos «evolución».

Es evidente que los siete «días» de la Creación a los que se refiere el Génesis no son días normales, pues la separación del día y la noche no se produce hasta el cuarto «día». La tradición exegética judía interpretaba estos textos de forma muy distinta a la literal. Según Filón de Alejandría:

En el principio Dios creó el cielo y la tierra, pero el «principio» no es, como muchos creen, un comienzo en el tiempo, puesto que no existía el tiempo antes de que se creara el mundo, sino que empezó a exjstir junto con el cosmos, o después de él.

Para Abraham Joshua Heschel:

La Creación, nos dicen, no es un acto que sucediera en un momento del tiempo, una vez y para siempre. El acto de traer el mundo a la existencia es un proceso continuo. Dios llamó al mundo al ser, y esa llamada continúa. Este momento presente existe porque Dios está presente. Todo instante es un acto de creación. Un momento no es una terminal sino un destello, un signo de Principio. El tiempo es innovación perpetua, sinónimo de creación continua.

Para el Maestro Eckhart, la Creación no es algo que sucediera en el pasado: «Dios hace el mundo y todas las cosas en este ahora presente». Aunque la mentalidad occidental generalmente piensa que solo una forma de presentar los hechos puede ser verdadera, la mentalidad oriental acepta diferentes explicaciones -incluso a menudo se incomoda cuando solo se ofrece una-, a las que no ve como opuestas sino más bien como complementarias. Según el lugar desde el que se señale, el dedo apuntará en direcciones aparentemente distintas. Lord Northbourne lo explica de forma sencilla:

No todas las religiones conciben el origen del universo en términos de una «creación» divina corno lo hacen el judaísmo, el cristianismo y el islam. Ni siquiera todas son teístas, pues el budismo no lo es. El misterio que subyace a la existencia puede ser simbolizado de muchas maneras diferentes, sin necesidad de que estas coincidan exteriormente, de la misma manera que distintas proyecciones bidimensionales de un objeto sólido pueden diferir según el punto de vista, sin ser intrínsecamente falsas.

Frithjof Schuon comenta: «En realidad, la hipótesis evolucionista es innecesaria porque el concepto creacionista lo es igualmente, ya que las criaturas aparecen en la Tierra no cayendo del cielo, sino pasando progresivamente - a partir del arquetipo- de lo sutil al mundo material ». Según el Zohar: «Dios hizo este mundo (terrestre) a imagen del mundo de arriba; así, todo lo que se encuentra arriba tiene su analogía abajo [ ... ] y todo constituye una unidad». Titus Burckhardt explica así cómo «creación» y «emanación» no son incompatibles:

No hay duda, empero, de que existe una diferencia entre la representación bíblica de la creación y la doctrina plotiniana de la emanación de la existencia a partir del Uno; diferencia fácilmente superable, no obstante, si se miran con perspectiva ambas terminologías y se hace justicia al sentido metafórico; ¿qué puede significar, en efecto, la afirmación bíblica de que Dios ha creado el mundo «de la nada» (ex nihilo) sino que Dios no ha dado al mundo una forma que no procede de ninguna materia sino de Él mismo? Pero si el mundo no tiene otra realidad que la que le viene de Dios, en este sentido no es sino su reflejo o su emanación. Mientras que la metáfora del acto de la creación evoca la representación de una actividad divina, el símbolo de la emanación es estático; recuerda a una luz cuya naturaleza es iluminar, y que necesariamente ilumina, puesto que es. En este sentido, los cosmólogos griegos y los filósofos posteriores concibieron el cosmos como expresión necesaria del ser divino y, por lo tanto, como duración perpetua. A su entender, el cosmos, en tanto que totalidad, no tiene ni principio ni fin temporales, mientras que, según la Biblia, el universo empezó en el mismo momento en que Dios lo creó. La aparente contradicción entre ambas concepciones se resuelve, sin embargo, cuando se considera que el tiempo, como expresión del cambio y del tránsito, no puede ser anterior a la creación. El tiempo fue creado con el mundo; por eso el principio del mundo no puede ser de naturaleza temporal, aunque, a primera vista, solo se le puede representar en una dimensión temporal mediante una imagen visual que representa la intervención de Dios como acción real.

Osman Bakar expresa la misma idea:

De hecho, la concepción metafísica de la emanación creativa explica el significado real de ex nihilo. Ambas ideas están concebidas para satisfacer las diferentes necesidades de causalidad entre los distintos tipos de «mentalidad» que se encuentran en una comunidad religiosa. Dentro de la visión religiosa del mundo, la idea de emanación creativa resultó ser más atractiva o satisfactoria para las personas de mentalidad científica o filosófica que la idea de creación ex nihilo en su sentido teológico. Ese fue indudablemente el caso en la civilización islámica. En esta civilización, muchos filósofos-científicos, aparte de los sufíes, adoptaron la emanación como la base filosófica para explicar el origen del universo y el surgimiento de diferentes formas cualitativas de vida. [ ... ]Ambas ideas son ciertas a diferentes niveles.

Que esta concepción también estuvo presente en el mundo cristiano lo prueba la existencia de corrientes platónicas y neoplatónicas dentro del cristianismo. Dionisio Areopagita tenía un concepto de la creación similar al de Plotino:

Dionisio imaginaba la creación como una erupción extática, casi erótica, de la bondad divina, cuando Dios, por decirlo así, había «salido fuera de sí en el cuidado amoroso que tiene por todo». La creación no era algo que había sucedido una vez en el pasado remoto, sino un mythos, un proceso continuo, intemporal, en el que, paradójicamente, Dios era eternamente «seducido para abandonar su morada y llegar a habitar en todas las cosas», y, sin embargo, tenia «capacidad de permanecer, no obstante, en sí mismo».

Nasr explica así la compatibilidad de las dos doctrinas: «ex nihilo no significa literalmente a partir de nada, sino más bien a partir de "posibilidades" en el orden de los principios, las cuales, citando a Ibn Ara, todavía no han "olido el perfume de la existencia"». Los místicos judíos tenían concepciones similares:

Los místicos hablan también de creación a partir de la nada; de hecho, es una de sus fórmulas favoritas . Pero, en su caso, la ortodoxia del término oculta un significado que difiere considerablemente del original. Esta Nada a partir de la cual todas las cosas han surgido no es en absoluto una negación; simplemente, no presenta atributos para nosotros, al estar s allá del alcance del conocimiento intelectual. Sin embargo, en realidad esta Nada [ ... ] es infinitamente más real que toda otra realidad. [ ... ]De hecho, creación a partir de la nada significa para muchos místicos creación a partir de Dios.

Para Jacob Boehme: «Dios creó el mundo a partir de nada porque Él mismo mora en nada; esto es, Él mora en Sí Mismo ». En el Génesis lo primero que crea Dios es la luz, es decir, la inteligibilidad. En la filosofía Samkhya de la India, la buddhi, el intelecto, es el primer principio que aparece en la manifestación a partir de prakriti. . Según el Evangelio de Juan, el universo es creado por Dios mediante el logos divino: «Todas las cosas fueron hechas por El [el Verbo la Palabra], y sin Él no se hizo nada de cuanto existe». Según el Corán, la Creación también tiene lugar por la «Palabra» divina: «Suyo [de Allah] es el origen de los cielos y la tierra. Cuando ordena una cosa le dice: "¡Sé! ", y ella es». Esta es una concepción prácticamente universal:

En casi todos los casos podemos encontrar la leyenda de un Padre-Dios original, cuyo primer Pensamiento o Palabra, simbolizado por una Diosa-Madre, se dice que dio nacimiento a toda la creación. [ ... ] El Absoluto inmanifestado se describe como masculino, y su imagen-Poder proyectada, coexistente con El, se consideraba femenina. Él es el Padre-Dios, la Mente una, la Fuente suprema Y Controlador; pero Ella, su pensamiento proyectado, es la Creadora, la Madre-Poder de la que surge toda la creación. [ ... ] La razón de la similitud de conceptos entre las diversas culturas primitivas es que la realidad, a la que los símbolos pictóricos intentan representar, es la realidad común y universal experimentada en la visión mística, una realidad que es la misma para todos aquellos que la «ven».

En el antiguo Egipto, Ra dice de sí mismo: «Soy el Eterno, soy Ra [...], soy el que ha creado el Verbo [...,] soy el Verbo». J. A. West explica: «Las "palabras" de Ra, reveladas por Thoth, se transforman en las cosas y criaturas de este mundo ».  De manera similar, la Cábala judía también apunta a una creación mediante la Palabra. Según el Sefer Yetzirah («Libro de la creación»): «Dios creó el mundo mediante treinta y dos modalidades de maravilla y sabiduría».212 Estas treinta y dos maneras son las veintidós letras del alfabeto hebreo y los diez números. La creación divina se efectúa mediante diez sefiroth o emanaciones de Ein Sof, el Infinito, que configuran los distintos mundos jerárquicos. Para los Bambara, en África occidental:

El corazón de la enseñanza esotérica consiste en los misterios alrededor de la Palabra. Todo el universo es generado por las vibraciones primigenias (y que todavía continúan) que constituyen la Palabra. A partir de esta energía primordial se forman la energía, la materia, y finalmente la forma. 213 En algunas versiones indias del origen del universo, viik, «la Palabra », es la que crea los mundos. Vak, ocasionalmente personificada como diosa, es el principio de inteligibilidad y hace de puente entre el Absoluto y la creación manifestada. El lenguaje y el pensamiento humano se manifiestan siguiendo un proceso de cuatro niveles de existencia. Estos cuatro niveles, trasladados a nivel macrocósmico, constituyen el proceso de la manifestación universal. Vak («la Palabra», la shakti o energía de la Divinidad) crea los mundos mediante un proceso en cuatro etapas, de la más sutil a la más tosca, desde la Unidad primordial a la multiplicidad. Veamos cómo se suceden estos niveles:

El primero, para, es el nivel transcendental más allá de toda creación, y los tres siguientes son los tres estadios naturales de la creación. [ ... ]Para [«la transcendente»], que es la Suprema Consciencia, es independiente; es el Absoluto. Es la fuente de la creación, pero está s allá de la creación. Es completamente lógico que la fuente de la cual surge el mundo sea ella misma independiente del mundo. [ ... ] Sin para como su realidad subyacente, [los estadios siguientes] se volverían no iluminados, y por consiguiente no existentes. [ ... ] Para es pues el nivel de pura unidad en la cual no hay ninguna diferencia. [ ... ] El estado pasyanti se compara con el crecimiento de una semilla, que es el primer paso en la creación de un árbol. [ ... ] En el estado de pasyanti el mundo se encuentra en estado potencial, ya que este es simplemente el estado de desear crear, y no de crear realmente el mundo. Madhyama es el segundo paso en el proceso de la creación. [ ... ] Aquí, el mundo que será es ya una idea clara. Ya no está bajo la forma de deseo de crear, pero sigue siendo una idea y aún no se ha convertido en realidad fisica concreta. [ ... ] Pasyanti es el principio de la diferencia, mientras que madhyama es la consciencia completa de la diferencia, si bien dentro de la unidad de uno mismo. Vaikhari es la manifestación s tosca de vak-sakti. En este estado el mundo está completamente realizado; ya no es una «ideación» Evolución, creación, manifestación como en el estado madhyama, sino que se convierte en realidad extema substancial. [ ... ] Hasta el nivel madhyama, el mundo permanece como una forma de pensamiento; es solo en el nivel vaikhari cuando el mundo se transforma en sonido articulado.

Mediante la correspondencia microcosmos-macrocosmos, la creación del universo es comparable a la creación humana:

Los cuatro niveles jerárquicos de vak-sakti pueden ser comparados a los distintos estadios procreativos de una madre. Cuando la madre todavía no ha concebido y es aún virgen, es como el estado para. Cuando concibe (el estadio de fertilización), es como pasyanti. Cuando el feto alcanza una forma completa pero está todavía en la matriz, es como madhyama. Finalmente, cuando la madre da a luz al niño [...] es como vaikhari. La Madre cósmica concibe el mundo bajo la forma de deseo [...] (pasyanti); desarrolla la concepción en un feto completo dentro de la matriz de la Consciencia bajo la forma de ideación [...] (madhyama); y finalmente da nacimiento al mundo concreto [...] (vaikhari).

Sin embargo, y a diferencia de una madre terrenal, la Diosa no es afectada ni alterada en lo más mínimo por la creación: permanece siempre virgen. En Occidente había concepciones muy similares. Siguiendo a Philip Sherrard, Nasr explica:

Esta creación dentro de la Divinidad tiene, de hecho, tres fases, y no ocurre «de una sola vez». Primero, Dios se revela a sí mismo, haciéndose consciente de las posibilidades latentes de su propio Ser. Segundo, este contenido sin forma de la Inteligencia divina o Logas divino es diferenciado en formas individuales, pero aún en un estado inmaterial. Esas son las energías espirituales increadas, las Ideas divinas, o los lógoi de los escritores clásicos cristianos como san Máximo [ .. .]. Son las imágenes-arquetipos, mediadoras entre el mundo de puras realidades informales e inteligibles y el mundo visible. Tercero, la manifestación de esas imágenes-arquetipos en los seres concretos del mundo tiene lugar. Cada existente es pues la forma visible de un Nombre divino.

Tomás de Aquino decía que los seres creados son precedidos por «ideas en la mente divina», así como «la imagen de una casa preexiste en la mente del constructor». Un proceso similar al del arte, que Ananda Coomaraswamy define así: «El arte puede ser definido como la impronta en un material de una forma preconcebida».217 Cualquier transcripción en palabras, en conceptos humanos, del proceso de la Creación o la Manifestación será necesariamente falsa y aproximativa. Por eso todas las versiones se sirven del simbolismo, mediante el cual se pueden usar descripciones o imágenes de la dimensión física de la realidad para trasladarlas analógicamente a otra más elevada. Según el conocido dicho hermético: «Como es arriba, así es abajo; como es abajo, así es arriba». Mediante esta correspondencia entre los varios niveles de la realidad, y entre el microcosmos (el hombre) y el macrocosmos (el universo), podemos intuir cómo son las cosas en los niveles superiores. Si la Divinidad, la Inteligencia Suprema, está en el origen del universo, ¿cómo se explica entonces que los seres inteligentes fueran los últimos en aparecer? Al producirse la manifestación, la Realidad Suprema se «refleja» en las formas, pero este reflejo da una imagen invertida. Se ha dicho que la cronología de la creación en la Biblia es correcta; en el Génesis, el hombre es la última criatura en ser creada. Para Huston Smith:

Desde esta perspectiva, la tierra refleja los cielos y el microcosmos reproduce al macrocosmos. Pero [ ...] ese reflejo invierte las imágenes y, en consecuencia, lo que se presenta en primer lugar en el orden ontológico aparece en el último en el orden temporal. La tradición no niega que lo superior aparezca después que lo inferior, sino tan solo que sea producido por ello.

Swami Vivekananda, confrontado con la idea de la evolución, dijo que debía completarse con la de «involución», esto es, con la «involucración » de Dios en el cosmos (según la Bhagavad Gita: «Todos los mundos están enhebrados en Mí como perlas ensartadas en un hilo»). Vivekananda explicaba así por qué la inteligencia está en el origen de todo:

El evolucionista te dirá que la idea de que fue Dios es equivocada. ¿Por qué? Porque, mira, Dios es inteligente, pero vemos que la inteligencia se desarrolla mucho más tarde en el curso de la evolución. Encontramos inteligencia en el hombre y los animales superiores, pero millones de años pasaron en el mundo antes de que apareciera esta inteligencia. Esta objeción de los evolucionistas no se sostiene [ ...]. El árbol surge de la semilla y vuelve a la semilla; el principio y el final son el mismo. La tierra surge de su causa y regresa a ella. Sabemos que si podemos encontrar el principio podemos también encontrar e) final. Inversamente, si encontramos el, final podremos encontrar el principio. Si esto es así, tomemos esta sucesión evolutiva, desde el protoplasma en un lado hasta el hombre perfecto en el otro, y esta sucesión completa puede ser considerada una vida. Al final encontraremos al hombre perfecto, de manera que al principio debería ser lo mismo. Así pues, el protoplasma es la involución de la más alta inteligencia. Quizá no se vea, pero esta inteligencia involucionada es la que se está desenroscando hasta que se manifiesta en el hombre más perfecto. [ ... ] ¿Qué es esa inteligencia? Si no estaba presente en el protoplasma debe haber llegado de pronto, algo surgiendo de la nada, Lo cual es absurdo.

En la cosmología de la India, la Divinidad infinita (Brahman) crea y reabsorbe continuamente innumerables universos, que son potencialidades que se manifiestan. El Eterno “inspira” y “expira” los universos. Dios es tanto el creador (mitológicamente: Brahma) como el sustentador (Vishnu) y el destructor y regenerador (Siva) del universo. Según la Bhagavad Gita: «Al llegar el día, lo manifestado surge de lo inmanifestado; cuando llega la noche [cósmica], se reabsorbe en lo que se llama lo Inmanifestado».

La creación [...] no tiene principio absoluto. Este universo presente no es sino uno de una serie de mundos pasados y de otros por venir. La energía cósmica alterna periodos de potencialidad con otros de expresión.

Los universos son incontables:

Ah, ¿quién contará los universos que ya han pasado, o las creaciones que han surgido una y otra vez del abismo sin forma de las vastas aguas? ¿Quién contará las pasajeras edades del mundo, sucediéndose una a otra sin final? ¿Y quién podrá buscar a través de las amplias infinitudes del espacio para contar los universos que coexisten? [ ... ] Más allá de la más extensa visión, llenando el espacio, los universos vienen y van, en multitud innumerable. Como frágiles barcos, flotan en las puras aguas sin fondo que forman el cuerpo de Vishnu. De cada poro de este cuerpo, un universo surge y desaparece [...]. Con cada pestañear del gran Vishnu desaparece un Brahma [el dios creador]. Todo lo que hay debajo de la esfera de Brahma es tan insubstancial como una nube formándose y disolviéndose de nuevo.

La idea teológica de «Creación» intenta preservar ante todo la transcendencia y libertad de Dios, concebido en forma personal, y hace abstracción de todos los niveles intermedios entre el principio divino y el universo físico. Contempla solo un universo durante un único ciclo. La idea de «manifestación» o «emanación» propone una concepción más metafísica e impersonal, que enfatiza la «proyección» y «realización » de las posibilidades inherentes en la infinitud de la Divinidad. Se resalta aquí la continuidad ontológica entre la Divinidad y las criaturas -si bien la Divinidad transciende infinitamente su manifestación- y se describen las fuerzas y mundos intermedios. Las tradiciones orientales (así como varias corrientes espirituales occidentales) explican, pues, el origen del universo mediante un proceso de manifestación de lo que estaba oculto, de un «descenso» progresivo de la potencialidad a la actualidad. Según el Tao te ching: «El Tao engendra al Uno, el uno engendra al dos, el dos engendra al tres; el tres engendra a los diez mil seres». En el hinduismo, la Mundaka Upanishad expresa de esta forma una idea familiar en la India: «Así como la araña segrega su hilo y lo recoge; así como las hierbas brotan sobre la tierra; así como el cabello y los pelos [brotan] en el hombre vivo; de la misma manera el universo surge del imperecedero».225 En forma más mitológica, en el Shatapatha Bráhmana: «En el principio, Prajapati [Dios como «Señor de las criaturas»] estaba solo. Deseó: "Quiero ser muchos, me multiplicaré"». Como explica el Srimad Bhagavatam: «La creación es solo la proyección en la forma de lo que ya existe”. Y Plotino: «El mundo sensible es un reflejo del mundo espiritual en el espejo de la materia».


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