jueves, 14 de enero de 2021

TRES TENDENCIAS IMPURAS (VASANAS)



TRES TENDENCIAS IMPURAS (Vasanas)


Jagadguru Śrī Abhinava Vidyātīrtha Mahāsvāmin


*






*

 
– Extracto de “The Multifaceted Jivanmukta”–

_____

Para aquel que se esfuerza seriamente en alcanzar la realización de Brahman, resulta importante eliminar no solo el deseo, la ira, y la codicia, sino también, tres tipos de vāsanās impuros o tendencias mentales. Esta tríada de vāsanās comprende 1) Loka-vāsanā o impresión mental relacionada con el mundo, 2) Shāstra-vāsanā o tendencia mental perteneciente a las escrituras y, 3) Deha-vāsanā o huella mental latente relativa al propio cuerpo. Estos vāsanās impiden el amanecer de la experiencia directa de la Verdad. S Siendo así, se declara en el Muktikā-upaniṣad que: “El verdadero conocimiento nunca surge en una persona con loka-vāsanā, śāstra-vāsanā y deha-vāsanā”. Vāsanās son las semillas mentales debido a las cuales los sentimientos –como el deseo– surgen rápidamente sin ser precedidos por ninguna deliberación. Un muchacho que tuvo la desgracia de ser perseguido por un toro, de repente siente miedo al encontrar otro toro en otro momento. El vāsanā engendrado por la experiencia inicial se activa con la vista del segundo toro, y agita su mente con el miedo. Los vāsanās que moran en la mente son innumerables; están implantados y nutridos por los pensamientos y experiencias del presente y de existencias anteriores. Los buenos vāsanās ayudan al progreso espiritual, mientras que los malos van en contra de ello. Un vāsanā malo puede volverse impotente cultivando asiduamente un vāsanā del tipo opuesto. Así pues, un aspirante espiritual debe neutralizar los vāsanās impuros que lo atormentan desarrollando vāsanās puros. * * * LOKA-VĀSANĀ se refiere a una fijación del tipo: "Siempre procuraré que la gente no me censure sino que, por el contrario, me alabe". Este vāsanā es una obstrucción para el aspirante espiritual porque exige lo que no se puede lograr. Siempre habrá al menos algunas personas que desaprueben lo que hemos hecho. Sītā fue el ejemplo de castidad. Incluso pasó por una prueba de fuego para confirmar Su pureza. Sin embargo, la gente de Ayodhyā arrojó calumnias sobre Ella y censuró al Señor Rāma mismo por haber sido influido por el deseo al aceptarla en Lanka. Si tal es el destino de Divinidades inmaculadas como Rāma y Sītā, ¿qué podríamos decir sobre el destino de los demás? Por lo tanto, se ha dicho: "No hay medios disponibles para satisfacer a todas las personas. Una persona debería hacer siempre lo que es correcto para él ". Los textos sobre la Liberación aconsejan al aspirante espiritual tratar la alabanza y la censura por igual; debería deshacerse de loka-vāsanā dándose cuenta de la futilidad de intentar lo que implica. No obstante, es necesario señalar algunos puntos con referencia a la erradicación de loka-vāsanā. No se trata de que el aspirante descarte con indiferencia las opiniones de los otros. Ciertamente, puede utilizar las observaciones de otros para la superación personal; lo que se ha de abandonar es la euforia y el disgusto cuando somos apreciados y depreciados, respectivamente. La conquista de lokavāsanā debería intentarse en el contexto de otras disciplinas espirituales. Por ejemplo, no sería beneficioso amonestar ciegamente este aspecto de loka-vāsanā –sin antes dar otros pasos– a un niño que evita las malas compañías con el fin de ganarse una buena reputación en su casa. Inversamente, quien trata de mantener una imagen de rebelde, al que no le importa lo que digan los demás, también está bajo las garras de loka-vāsanā: la conservación de esa imagen es fundamental para él. ŚĀSTRA-VĀSANĀ es de tres tipos; obsesión por el estudio, preocupación por muchos temas, y una marcada aprensión con respecto a las observancias especificadas en las Escrituras. El Taittirīya-brāhmaṇa contiene una historia que puede servir para ilustrar el primer tipo de śāstra-vāsanā, la obsesión por el estudio: El Veda cuenta que Bharadvāja se aplicó seriamente al estudio de los Vedas durante tres nacimientos sucesivos. En su cuarta vida quiso también esforzarse incesantemente. Indra, compadeciéndose de él, le explicó la imposibilidad de aprender todos los Vedas, y posteriormente le enseñó a Bharadvāja acerca de “Brahman con atributos” (Saguna Brahman). Si bien el profuso estudio anterior de Bharadvāja de los Vedas no fue una acción incorrecta, su obsesión por dominar todos los Vedas fue, en cambio, el problema. Para deshacerse de este tipo de śāstra-vāsanā, el aspirante debe “grabar” en sí mismo que es imposible conocer un tema en su totalidad. La adicción al estudio de muchos temas también es mala. La historia de Durvāsa que se encuentra en la Kāvaṣeya-gītā es pertinente a este respecto. Se dice que Durvāsa acudió una vez a la Asamblea del Señor Mahādeva para presentar sus respetos. Llegó con un carro lleno de libros. Nārada se burló de él comparándolo con un burro con una gran carga sobre su espalda… Irritado, y ya curado de su obsesión, Durvāsa arrojó sus libros al mar. A partir de entonces, Mahādeva lo inició en el conocimiento de Ātman. Uno debe darse cuenta de que no se puede conocer al Supremo estando preocupado con libros sobre una variedad de temas. Así, la Kaṭha-upaniṣhad declara: “Este Ātman no se logra mediante mucho estudio, a través del poder de captar el significado de los textos o a través de mucha mera audición ". Asimismo, en la Chāndogya-upaniṣhad, leemos que, a pesar de dominar una amplia variedad de materias, Nārada no estaba libre del sufrimiento, ya que no se había “dado cuenta” (realizado) de Ātman. Para obtener ese Conocimiento que “erradica el dolor”, se acercó como discípulo ante Sanatkumāra. Se ha dicho: "¿De qué sirve masticar en vano los trapos sucios de las conversaciones sobre los Tratados Sagrados? Los sabios deberían, por todos los medios, buscar la luz de la Consciencia interior ". La práctica sincera de los rituales ordenados por las Escrituras es esencial para una persona que no ha progresado hasta la etapa en la que puede prescindir de los rituales. Sin embargo, una excesiva meticulosidad con respecto a las observancias religiosas, que es lo que caracteriza el tercer tipo de śāstra-vāsanā, constituye un impedimento. En el Yoga-vāśiṣṭha, encontramos la historia de Dāsura, la cual resulta aquí relevante. Debido a su intensa meticulosidad, Dāsura no pudo localizar un solo lugar en todo el mundo suficientemente puro para realizar sus ritos religiosos. Śrī Vidyāraṇya, quien ha tratado detalladamente la destrucción de los vāsanās en su Jīvanmukti Vivekai (1), señala que śāstra-vāsanā conduce al orgullo del aprendizaje. Esta es una razón más para que el śāstra-vāsanā sea considerado impuro. DEHA-VĀSANĀ. Hay tres tipos, y es el peor, ya que está marcado por la identificación de Ātman con el cuerpo. Esta identificación es incorrecta, no solo porque este punto de vista se opone a las Escrituras, sino porque es la causa de la miseria y el sufrimiento. Desafortunadamente, se trata de algo que predomina universalmente. Al ser difícil de desarraigar, se debe abordar asiduamente cultivando la noción correcta, según la cual Ātman es distinto del cuerpo. El segundo tipo de deha-vāsanā, se caracteriza por la preocupación por la adquisición de la gracia corporal. Motivados por el vāsanā de este tipo, las gentes se esfuerzan, por ejemplo, por embellecerse mediante el uso de cosméticos, y/o por purificarse bañándose en ríos sagrados como el Ganges. La limpieza, per se, es loable, y figura entre las ocho cualidades nobles que todos deben adquirir. En el yoga-śāstra, se habla de ella como preludio importante de la práctica de la meditación. Lo que es problemático es la falsa creencia de que el cuerpo puede real y consistentemente volverse “amable” o puro; esto conduce al esfuerzo por lograr lo imposible. El encanto y el olor perfumado, por ejemplo, pertenecen a los cosméticos y no al cuerpo, que no es sino un conjunto de grasa, carne, huesos, etc. Un bonito atuendo no hace al cuerpo diferente. Consumir pimienta para hacer la voz melodiosa no es necesariamente efectivo ni tampoco el efecto es inquebrantable. Un baño hace que el cuerpo esté limpio externamente, pero solo por corto tiempo. En lo que se refiere a los medios establecidos en las Escrituras, como es el caso de tomar baño en el Ganges a fin de alcanzar la pureza, hay también que señalar que hay en ellas muchos pasajes poderosos que van en el sentido de que el cuerpo es siempre impuro. La tercera forma de deha-vāsanā está relacionada con el segundo tipo; se caracteriza por el esfuerzo persistente por librar al cuerpo de defectos. Esforzarse a fin de erradicar la enfermedad entra en este ámbito. El problema es que las enfermedades no siempre se pueden mantener a raya, ni se pueden curar todas las dolencias. En cuanto al cuerpo, las Escrituras enfatizan que, por su misma naturaleza, es el depósito de lo inmundo. Por lo tanto, en la Maitriyaupaniṣhad, encontramos: “¡Oh! Señor, este cuerpo es maloliente, insustancial, y una masa compacta de piel, huesos, tendones, tuétano, carne, sangre, semen, moco, lágrimas, mocos, orina, excrementos, bilis y flemas. ¿Qué sentido tiene gratificar los propios deseos en esas cosas?” En esta coyuntura, se hace necesario subrayar que el aspirante espiritual debe estar limpio y no debe ser negligente con la salud. Un cuerpo sucio y enfermo no favorece la práctica de la disciplina espiritual. Sin embargo, el aspirante debe deshacerse de su anhelo por parecer atractivo y renunciar a la preocupación por la salud y la ausencia de defectos corporales. Es de destacar que en los Yoga-sūtras se especifica que aquel que está establecido en la pureza, desarrolla el desapasionamiento hacia el cuerpo. Incluso normalmente, aquel que se baña con regularidad nota el mal olor del sudor seco y cosas por el estilo, mientras que la persona que habitualmente está sucia es poco probable que lo haga. Por tanto, la persona limpia es la que está mejor preparada para reconocer la impureza innata del cuerpo. […] (1) Hay traducción al español: “Tratado Vedanta sobre la Liberación en vida”, Sri Vidyaranya. Trad. y notas: Roberto Mallon Fedriani, Editorial Sanz y Torres, Madrid 2017. 

miércoles, 3 de junio de 2020

ESCUELAS BUDISTAS Y VEDANTA




ESCUELAS BUDISTAS TRADICIONALES 

Y VEDANTA ADVAITA 

(Comparativa de sus aspectos esenciales)


Roberto Mallon Fedriani


*



Cuando se critica el Budismo desde la perspectiva Vedanta Advaita las 'flechas' se suelen dirigir a la escuela Madhyamika o Sunyavada. Los 'sunyatas' sencillamente niegan la Existencia, la sustituyen por 'sunya' o 'el vacío'; es así como niegan a Brahman, entendido este como Consciencia Inmutable y Eterna, como Substrato de todo y Realidad Última (Ser-Consciencia-Beatitud/Infinitud; Sat-Chit-Ananda). 

La negación de Brahman como Realidad Última es algo inaceptable para los vedantines, así como desde el punto de vista de los Vedas. Se puede negar todo excepto el “Yo soy”. Cosa distinta es qué se entienda por “yo”.  El vedantín al igual que el budista admite la impermanencia, la transitoriedad y por tanto la no-eternidad de las envolturas (corporal, anímica, mental, e intelectual-buddhi) que constituyen el concepto de "ego" o “yo-individual”, pero propone, junto con los Vedas (las Upanishad) que el Sujeto trascendente es pura Consciencia inmutable, siendo el objetivo de la realización la identificación con éste a la vez que la desidentificación con las “envolturas” o koshas. El budista va a afirmar junto con el vedantín que la identificación con las “envolturas” es el error fundamental, pero no aceptará la identificación con un supuesto Sujeto Último omnipresente y eterno (Brahman).

Muchos afirman en los últimos tiempos, sobre todo en círculos académicos, que el Budismo original ‘era lo mismo' que el Vedanta. A este respecto, cabe remitirse a lo que dijo Swami Dayananda en cierta ocasión: "…discutir sobre esto es inútil, pues de ser cierto, entonces mejor sería eliminar el termino Budismo y hablar simplemente de Vedanta…”, ya que el origen védico del Vedanta es muy anterior; se remonta “a la noche -védica- de los tiempos”.

Es sabido que en los tiempos históricos de Buda no hubo recopilaciones escritas de sus enseñanzas. Muy probablemente Buda no entendería el budismo actual pues este Budismo (o mejor, estos budismos) se fundaron 300 años después de su desaparición de este mundo. Fue en el, por decirlo así, “Concilio de la  Tripitakadonde se instauraron tres ramas principales, la Mahayana, la Hinayana, y la Theravada. Desde otro punto de vista, el budismo se puede clasificar en cuatro grandes sistemas: SautantrikaVaibhashikaYogachara (o Vijñanavada), y Madhyamika, que se agrupan a su vez en dos grandes grupos: Hinayana (Sautantrica y Vaibhashika), y Mahayana (Yogachara o Vijñanavada  y Madhyamika o Sunyavada). La Hinayana se expandió por Sri Lanka, Laos, Tailandia. La Mahayana por el norte de India, China, Japón.  Cada una de estas escuelas se basa en distintos principios. Los Sautantrika se basan en los Sutras, y es en base a ellos como se admiten las enseñanzas. Aceptan que tanto el mundo interno como el externo son reales.  Los Vaibhashika se basan en comentarios a los Sutras. Aceptan que el mundo interno es real, pero sin embargo el externo sería temporal, pasajero, y por consiguiente no real. Los seguidores de la escuela Yogachara aceptan que el mundo interno es momentáneo (temporal/no real) y el externo también. Finalmente, los Madhyamika afirman que los mundos interno y externo, no es que sean momentáneos o no-reales, sino que son puro vacío (sunya). Esta es una clasificación muy general de las escuelas o sistemas budistas, y vemos que su filosofía última es que todo es Vacío, lo cual no parece lógico, ya que aceptarlo implicaría aceptar también que la Existencia procede de la Inexistencia, que en la Inexistencia no hay reglas, y por tanto que cualquier cosa podría proceder de cualquier cosa... Esto no es lógico, y por consiguiente los vedantinos no lo pueden aceptar.

De entre todas estas escuelas, la más cercana al Vedanta es la Yogachara o Vijñanavada.  Shankaracharya las refutó todas en los Brahmasutras, curiosamente dedicándole poco espacio a los sunyatas, dada la “aberración” que entendía promulgaban. Esto se puede constatar en sus muchos comentarios tradicionales o bashyas a los Brahma Sutras. También en sus comentarios a la Brihadaranyaka Upanishad y en otros de sus escritos más breves o prakaranas


En la tabla adjunta se resume sucintamente el enfoque de cada escuela budista.





*




martes, 2 de junio de 2020

VEDANTA Y BUDISMO




CONCORDANCIAS VEDANTA-BUDISMO


Swami Tattvavidananda


*





*



En esta breve exposición, y a propósito del aniversario del nacimiento de Buda (BUDDHAJAYANTI 7 de mayo 2020), Swami Tattvavidananda,  exponente del Vedanta Advaita viviente, nos aclara en pocas palabras las diferencias y concordancias esenciales entre la la doctrina original de Buda y la Vedántica de Shankaracharya; doctrinas que junto con los Vedas, se pierden en "La Noche de los Tiempos".





jueves, 20 de febrero de 2020

VIENDO A DIOS EN TODAS PARTES (3)






Viendo a Dios en todas partes (3)

Perspectivas coránicas acerca de la Santidad de la Naturaleza Virgen


3ª parte

 

Ética Práctica: El Paradigma Profético



___


Reza Shah Kazemi


*


sanatanadharmatradicional


*


Traducción al español:
Roberto Mallón Fedriani
(2020)

___




4.     Ética Práctica: El Paradigma Profético

Los medioambientalistas nos dan sólidas recomendaciones ecológicas que, en conjunto, están en armonía con el énfasis coránico sobre la conservación, sobre la santidad de la naturaleza, sobre la necesidad de la frugalidad, sobre la evitación de la extravagancia, del desperdicio, y demás cuestiones. En muchos versos del Corán se nos dice que evitemos el malgasto extravagante (israf); y también se nos dice que hagamos acopio de aquello que es legítimo y saludable: “¡Oh gentes! ¡Comed de lo lícito y bueno que hay en la Tierra y no sigáis los pasos de Satán! En verdad, él es para vosotros un enemigo declarado.” (Sura al-Baqara, “La Vaca”, 2:168).
Podría decirse que, en el vocabulario actual, el término tayyib, bueno, saludable, cabe traducirlo como “orgánico”, aquello que es natural, no contaminado por aquellos que “siguen los pasos de Satán”. Hemos visto antes que uno de los propósitos de Satán es hacer que la humanidad “altere la creación de Dios”, así pues, en este verso podemos entender que seguir los pasos de Satán significa seguir un camino que es fundamentalmente antinatural respecto a nuestro alimento. En relación con esto, solo hay que pensar en aberraciones tales como la crianza de aves en factorías industriales, o la cría y alimentación industrial de ganado, por no mencionar la ingeniería genética. Como hemos visto antes (4:119), Satán predice que será él quien domine a la humanidad, infunda falsos deseos en ella, y haga que “corten las orejas del ganado” –un signo de la aberración de la relación del hombre con el mundo animal.
Si quisiéramos llevar adelante un programa sobre ética medioambiental, solo tendríamos que estudiar detenidamente la Sunna del Profeta; solo hay que seguir los “pasos” del Profeta para iniciar una reorientación radical de nuestra relación con el mundo natural. Si vamos desde la teoría coránica a la práctica profética veremos la ejemplificación más impresionante de los ideales espirituales más elevados que se dan en el Corán. Se podrían encontrar docenas de dichos y de acciones que materializan y expresan este paradigma profético orientado hacia la ética práctica ante el mundo natural. Se puede ver que cada uno de ellos cultiva una orientación de respeto, de cuidado, de consideración, de una forma de hilm, es decir, una sabia y respetuosa cautela en relación a todas las criaturas, animadas e inanimadas; y también, algo fundamental, se encuentra allí zuhd –la cualidad que otorga la capacidad de abstenerse de todo deseo excesivo, y de considerar la vida de este mundo (al-hayat al-dunya) de escasa importancia en relación al Más Allá. Como se dijo anteriormente: uno contempla y respeta el rostro de Dios dentro de cada cosa, mientras que se desapega a sí mismo del rostro evanescente de la cosa misma. Así pues, una visión de lo divino en todas las cosas se traduce en reverencia contemplativa y en desapego espiritual: desde este punto de vista, el mundo se convierte en una fuente de dhikr –de recuerdo de Dios por medio de la contemplación de Su ayat; y genera una actitud de zuhd, o desapego de lo impermanente en pro de lo Eterno.

Algunos ejemplos de la Sunna   
En primer lugar, señalemos los fuertes avisos en contra del desperdicio (israf). Por ejemplo, en relación al agua, un recurso que se está reduciendo en distintas partes del mundo a una velocidad alarmante. Viendo como uno de sus compañeros estaba usando demasiada agua al hacer sus abluciones, el Santo Profeta dijo: “¿A qué viene tanto exceso?”, a lo cual el compañero contestó: “¿Acaso puede haber excesos al hacer las abluciones?”, y el Profeta dijo: “Sí, incluso si estas usando agua de la corriente de un rio”. (Ibn Hanbal, Musnad, no.7186; Ibn Majah, Sunan, no.460). Este simple precepto expresa un principio que tiene una importancia capital: incluso si hay abundancia de agua y el rio se está regenerando constantemente, lo que importa por encima de todo es la actitud que se debe tener: una actitud de frugalidad, de conservación, basada en el respeto permanente y de corazón ante este recurso dado por Dios. Esta actitud se ha de extender a toda la creación, pues cabe entender que el agua representa todos los recursos de la Naturaleza Virgen, los cuales han de ser considerados como gracias de Dios, signos de Su generosidad, y ser reverenciados conforme a ello. (Ver el bello pasaje en la Sura al-Waqi’a 56:57-74, en donde se nos muestra que la Gracia sobrenatural es la realidad subyacente a toda causalidad aparentemente natural).(1)

Respeto a los animales
La lectura de muchas de las crónicas sobre el respeto que tuvo el Santo Profeta a los animales nos hace sentirnos completamente avergonzados de la manera en la que se les trata en nuestros días. Veamos algunos ejemplos:
·      Una prostituta pasaba junto a un pozo junto al cual había un perro a punto de morir de sed. Ella extrajo agua del pozo y sació la sed del perro. Según el Profeta, sus pecados le fueron perdonados. (Citado en Bukhari, Sahih, nº3505; Muslim, Sahih, nº.5998)

·      En contraste con lo anterior: Una mujer fue condenada por dejar morir a un gato de hambre, según el profeta. (Bukhari, Sahih, nº.2405; Muslim, Sahih, nº.5989)

·      Un gorrión matado en vano vendrá ante el Trono de Dios el Día del Juicio, gritando “¡Oh Señor! Este hombre me mató inútilmente (‘abathan), sin buscar ningún beneficio (es decir, solo por diversión).” (Nasa’i, Sunan, nº.4463; Ibn Hanbal, Musnad, nº.19779).

·      Un nombre le preguntó al Profeta: “¿Hay alguna recompensa por la caridad que tenemos con los animales?” El Profeta respondió, “Hay una recompensa por cada ser que tenga un hígado húmedo”. (Bukhari, Sahih, nº.2403; Muslim, Sahih, nº.5996).

·      “Cuando sacrifiques (tus animales para alimentarte), debes sacrificarlos bien. Afila tu cuchillo y alivia así a tu animal sacrificado” (Muslim Sahih, no.5167; Nasa’i, Sunan, no.4422; Ibn Hanbal, Musnad, no.17388, etc.).


·      “Quienquiera que mutile una criatura viviente y no se arrepienta de ello, será mutilado por Dios el Día del Juicio”.(Ibn Hanbal, Musnad, no.5765).

·      Según se acercaba a la Meca el ejército islámico a fin de conquistar pacíficamente la ciudad, pasaron junto a una perra con cachorros. Entonces el Profeta dio órdenes de que no la molestasen, llegando incluso a poner allí a un hombre para asegurar que ningún perro le hacía daño. (Ver al-Waqidi, Kitab al-maghazi, Cairo, 1984, p.804).

·      Los árabes preislámicos estaban acostumbrados a torturar sus animales; esas prácticas, junto con la de organizar peleas entre animales, fueron abolidas, así como la costumbre de sobrecargar a los animales de carga. En relación con esto, se dice que el Profeta dijo: “Si ves a tres montados en un animal, apedreadlos hasta que uno de ellos se baje”. (Citado por al-Asqalani in Fath al-Bari, kitab al-libas, parte 99).

Señalemos que el Profeta y sus compañeros eran casi vegetarianos, pues comían carne muy probablemente no más de algunas ocasiones al mes. A este respecto tiene mucho valor práctico en nuestros tiempos el siguiente dicho de Imán Ali: “No hagáis de vuestros estómagos cementerios de animales” (maqabir al-hayawan). (Sharh Nahj al-balagha, Ibn Abī’l-Hadīd, Beirut, 2009, vol.1, p.23; ....).

El respeto hacia los animales se extiende al mundo inanimado -hay fuertes prohibiciones respecto a la tala innecesaria de árboles-. Por ejemplo, el Santo Profeta dijo: “A quienquiera que tale un almez, Allah lo arrojará bocabajo al Fuego” (Abu Dawud, Sunan, no.5241).

Ayuno
Un elemento muy práctico e inspirador de la Sunna que puede ser adoptado por todos los que quieran hacer algo concreto es este: ayunar uno o dos días a la semana, los lunes y/o los jueves. Esta era la costumbre profética, y está llena de significado tanto ecológico como espiritual.
Al adoptar esta práctica se entra en un nuevo molde de pensamiento y se es liberado de la prisión del consumo, permitiéndonos disfrutar de numerosos beneficios espirituales, tales como la prolongación a lo largo del año del espíritu del Ramadán -ese espíritu de elevada sensibilidad hacia el poder de la oración que experimentan los musulmanes durante el Ramadán-, y el “sabor” de la felicidad que viene a través del auto-control, una anticipación del sabor de la beatitud del autodominio y la trascendencia de uno mismo. Esta práctica ayudará en gran medida al individuo a adoptar esa austeridad moderada, ese agradable ascetismo (zudh) que debe ser el marco de todo musulmán y en general de todos aquellos que se dan cuenta de que el único camino de salida de la crisis medioambiental es reducir radicalmente nuestro consumo; y, aún más importante, eliminar la mentalidad de deseo insaciable generada por el consumo de masas, la publicidad, y demás.
Recordemos el principio básico que se adujo anteriormente: el microcosmos es inseparable del macrocosmos. Lo que hacemos en nuestras almas afecta a nuestro medioambiente. Uno de los versos más importantes que afirman esta necesidad de cambio individual como prerrequisito para un cambio global es el siguiente (que ya mencionamos brevemente más arriba): “En verdad, Dios no cambia la situación de un pueblo mientras ellos no cambien lo que hay en sus almas” (al-Rad, “El Trueno”, 13:11).
El principio expresado aquí se ve reforzado por estos versos:
“… y a quien sea temeroso de Dios Él le dará una salida y hará que le llegue la provisión por donde menos lo espera. Y quien confíe en Dios tendrá suficiente con Él.” (Al-Talak, “El Dividrcio”, 92:5-7)
“Así pues, a quien dé y sea temeroso de Dios, y crea en la buena promesa, le facilitaremos las cosas.” (Al-Layil, “La Noche”, 92:5-7)
Esto significa que la solución macrocósmica no cabe separarla del cambio que se requiere a nivel individual. No nos corresponde a nosotros hacer especulaciones acerca de si nuestras acciones a nivel individual serán capaces de generar una masa crítica suficiente que sirva, por decirlo así, de imán que atraiga la misericordia de Dios. Todo lo que podemos hacer es entregarnos a estos sencillos actos externos de austeridad, conservación, ascetismo leve; haciendo lo que podamos por el medioambiente, a la vez que dándonos cuenta de que la rectificación de nuestras propias faltas interiores contribuye de una manera invisible a la resolución de la crisis medioambiental. Cuanto mayor es nuestra fe en la relación entre el mundo interior y el exterior –es decir, cuanto mayor es nuestra fe en la realidad omniabarcante del Tawhid- tanto más alegre, gozosa y agradecidamente haremos aquello que podamos dentro del marco de posibilidades que Dios nos ha dado a través de nuestro destino.
Esto no implica de ningún modo una especie de debilitamiento de nuestro sentido de la naturaleza transitoria del mundo. De hecho, uno de los requisitos clave de nuestra situación actual es el de comprender que el mundo está pereciendo, pero también reconocer que nuestro desapego del mundo como entidad perecedera, paradójicamente nos permitirá mostrar una mayor reverencia hacia aquél, a respetar su contenido sagrado, incluso de una manera más profunda, y a enderezar aquello que podamos dentro de nuestro mundo.
Cuanto más desapegados estamos del mundo al nivel de su propia manifestación, tanto más nos apegamos a su contenido sagrado, el cual trasciende el nivel de su manifestación. Es entonces cuando las manifestaciones se respetan como “signos” de lo que ocurre detrás de ellas. Se muestra más respeto -no menos- a los fenómenos de la Naturaleza Virgen, cuando a través de ellos se ven sus arquetipos, las Cualidades Divinas del “tesoro escondido” que “quieren ser conocidas”.

Acción Espiritual   
El Profeta hizo dos afirmaciones importantes respecto al fin del mundo, afirmaciones que están conectadas entre sí sutilmente, y que apuntan a la dimensión espiritual de la solución de la crisis en la que estamos inmersos:
·      La Hora no vendrá mientras haya alguien en la tierra diciendo Allah, Allah. (Muslim, Sahih, no.148).

·      Si la Hora esta sobre ti, y tienes un arbolillo en la mano, continúa plantando el árbol. (Ibn Hanbal, Musnad, no.1249).

El primero de estos dichos nos conduce directamente al principio y a la práctica del “recuerdo de Dios”, la invocación del Nombre Divino. Se debe destacar que la repetición del nombre no es simplemente una cuestión de verbalizar y de creer en Dios, sino de invocar Su nombre, repitiendo Su nombre insistentemente, metódicamente. El Corán dice que la oración canónica, al-salat, nos mantiene alejados de la indecencia y del mal, pero “el recuerdo de Dios es mayor (wa la-dhikru’Llahi akbar)” (Sura al-Ankabut, “La Araña”, 29:45). La invocación metódica del Nombre de Dios es el acto de adoración más elevado, y sus consecuencias son incalculables, tanto para el individuo como para el cosmos. Si miramos a la luz de esto las enseñanzas proféticas citadas anteriormente, así como otros muchos versos en relación el dhikr Allah, vemos una alusión a la relación sutil, pero real, entre la acción espiritual de cada individuo y la misma sustancia del cosmos. El cosmos está sostenido, de una forma intangible pero inteligible, por la acción espiritual, por los ritos y rituales, por las oraciones e invocaciones que conforman el núcleo de la praxis de todas las religiones de la humanidad. Hay una intrínseca relación entre los seres humanos ejecutando esa función para la que fuimos creados, y la creación misma. Como vimos anteriormente: “Yo solo cree a os Jinn y a la humanidad a fin de que pudieran adorarme” (al-Dhariyat, “Los Vientos Huracanados”, 51:56). Así pues, esta adoración, y en particular su quintaesencia, el dhikr Allah, purifica el corazón según el bien conocido dicho del Santo Profeta: “Todo tiene un pulimento (siqala), y el pulimento de los corazones es dhikr Allah” (citado en Bayhaqi). Las repercusiones de esta purificación son incalculables, pero innegables: el fin del mundo no puede llegar aunque solo una persona esté invocando el Nombre de Dios. Si el mundo es mantenido solo por la oración, entonces esto implica que se mantiene únicamente en aras de la oración. A su vez, esto implica que la oración no es solo la razón por la que Dios creó a la humanidad y a los Jinn, sino que también lo es de la creación del cosmos –como vimos antes, todo en la creación canta las alabanzas del Señor. Y recordemos que el propósito de la oración es la consciencia permanente y amorosa de la presencia de Dios. La oración humana llevada a cabo sobre la base de la voluntad libre, por un lado colabora con la oración del cosmos, y por otro, es como si “animara” la oración cósmica, pues el colapso final del cosmos es mantenido a raya por la oración humana. Hay muchos dichos del Santo Profeta refiriéndose a personas a través de la cuales Dios aparta desastres de la tierra (con frecuencia se les denomina Abdal, o “sustitutos”); otros se refieren a almas (normalmente en número de cuarenta) cuyos corazones son semejantes al de Abraham, y a través de ellas vienen alimentos y bebida para toda la humanidad. El Imán Alí también nos da la siguiente descripción de estos santos, refiriéndose a ellos como los “sirvientes de al-Rahman” (ibad al-Rahman, ver al-Furqan, 25:63-76), pertenecientes a la categoría más elevada de los seres humanos:
“Ellos han tomado la tierra como su lecho, su agua como perfume, el Corán como ornamento, y la oración como manto. Sus ojos lloran, su ropa es sucia; y han cortado todos los lazos con este mundo. Si se van no se les echa de menos, si están presentes siguen siendo desconocidos. Si piden la mano para matrimonio, se les rechaza, y si hablan no se les presta atención. No obstante, debido a ellos Dios aleja las plagas, las calamidades, y las tribulaciones del mundo. Debido a ellos es por lo que Dios da las gentes agua que beber, enviando agua desde el cielo, gotas desde las nubes. Ellos son los sirvientes de Dios. En verdad. Sí, en verdad. (haqqan, haqqan).” (Citado en la colección de dichos del Imán Alí de al-Qadi al-Quda‘i, Dustur ma’alim al-hikam, traduido por Tahera Qutbuddin como A Treasury of Virtues: Sayings, Sermons and Teachings of ‘Ali, p. 65; traducción modificada)
Veamos ahora el segundo dicho del Santo Profeta: Cuando veas la Hora venir, y estés plantando un árbol, continúa plantándolo. A partir de este dicho podemos comprender que nunca debemos pensar que nuestra acción no tiene consecuencias, simplemente porque el día del Juicio Final esté sobre nosotros. Se debe terminar de plantar el árbol porque puede tener efectos que van infinitamente más lejos que nuestra imaginación. Cualquier acción buena, no importa lo insignificante que parezca -¿qué puede ser aparentemente más inútil que plantar un árbol cuando la totalidad del mundo se está destruyendo?-, toda buena acción, tiene pues una significación inmensa, no por su magnitud  “peso” en términos mundanos, sino por su cualidad de bondad. El Corán nos pregunta: “¿Acaso la recompensa de hacer el bien es otra que el bien mismo?” (al-Rahman, “El Clementísimo”, 55:60). Los actos son juzgados según sea su intención, tal y como enseñó el Santo Profeta, de modo que este bien “de peso atómico” –plantar un árbol momentos antes del fin del mundo- no será juzgado según sus consecuencias mundanas, sino conforme a la medida del bien habido en la intención que motivó el acto. Dios, la fuente de todo bien –incluyendo la bondad de nuestras buenas intenciones y acciones- promete transformar en el Paraíso nuestras acciones insignificantes hechas sobre la tierra en puro vino: “Su Señor les dará de beber una bebida pura: «En verdad, ésta es vuestra recompensa. Vuestro esfuerzo ha sido apreciado.» (kana sa’yukum mashkuran)” (al-Insan, “El Ser Humano”, 76:21-22).
Vemos aquí un milagro “alquímico”: el “plomo” de nuestra acción terrestre es transmutado en el “oro” del vino celestial en virtud de ese “elixir” de la sinceridad de corazón que suscita la Gracia divina –una gracia transformadora manifestada a través de la cualidad divina de la gratitud, al-Shakur (no olvidemos que las palabras “gracia” y “gratitud” comparten la misma raíz latina). En la medida en que nuestro esfuerzo está motivado por la intención sincera, tiene consecuencias que trascienden infinitamente la esfera de nuestras  acciones terrenales. El Corán se refiere en muchos lugares a la idea de esfuerzo (sa’i): la sinceridad de una intención se prueba con el esfuerzo que hacemos a fin de conseguir lo que intentamos. A continuación vemos algunos versos sobre este tema cuya reflexión profunda recompensa ampliamente:

·      El Día en el que el ser humano recuerde sus esfuerzos (al-Nazi’at, “Los que Arrancan”, 79:35 –citado anteriormente)

·      Nada pertenece a la persona [en el Más Allá] excepto aquello por lo que se esfuerza, y pronto se verán las consecuencias de su esfuerzo (al-Najm, “La Estrella”, 53:39-40)

·   Ese día, las almas [literalmente: “rostros”] resplandecerán satisfechos por su esfuerzo (al-Gashiya, “La que Cubre”, 88:9-10)

·     Y quien desee la otra vida y se esfuerce (wa sa’a laha sa’yaha) por obtenerla y tenga fe será recompensado por su esfuerzo. (kana sa’yuhum mashkuran). (al-Isra, “El Viaje Nocturno”, 17:19)

·      En verdad, la Hora viene. He querido mantenerla oculta para que cada alma sea recompensada conforme a su esfuerzo. (Ta-Ha, 20:15)
Volvamos a la idea de plantar un árbol aun estando en la mismísima Hora. Entre el hecho de plantar un árbol y dihkr Allah hay una relación muy sutil. En el capítulo titulado Abraham, tenemos este verso: 

¿No has visto cómo Dios compara una buena palabra con un árbol bueno? Su base está firme y sus ramas están en el cielo. Da su fruto en toda época, con permiso de su Señor” (Ibrahim, 14:24-25).

Tenemos aquí la combinación de una imagen natural con la práctica de la invocación. En términos espirituales, las raíces del Nombre divino son firmes, profundas dentro del terreno divino, la Realidad última. Las ramas que alcanzan los cielos son similares al ascenso celestial de la invocación, desde aquel que invoca hasta lo Invocado (al-Madhkur). En el comentario de Martin Lings (Shaykh Abu Bakr Siraj ad-Din) a este pasaje dice:

“Se puede interpretar lo siguiente: una invocación, - y sobre todo el Nombre Supremo que es la mejor entre las buenas palabras -  no es un expresión plana que se esparce exteriormente de forma horizontal en este mundo para perderse en el aire, sino una continuidad de repercusiones a través de todos los estados del ser. (“What is sufism?”, p.85)

Y los frutos vienen “en todas las estaciones”. Los frutos de la invocación, de todas las acciones espirituales, trascienden el tiempo, el espacio, y todas las limitaciones terrenales y escalas de medida. Pero también tienen un impacto inconmensurable sobre nuestro medioambiente terrestre; los “frutos” de la oración caen sobre la tierra, y de este modo la tierra es alimentada de miles -si bien invisibles- maneras. Esto es lo que parecen implicar los dichos del Santo Profeta acerca de las almas santas a través de las cuales se canalizan las gracias celestiales; gracias que evitan catástrofes y sostienen el mundo natural. Solo cuando dejan de existir –cuando ya no queda nadie sobre la tierra que invoque AllahAllah- es cuando viene el Día del Juicio Final.

Esta perspectiva sobre dhikr Allah y su relación con el mundo natural, no se restringe de ninguna manera al Islam. Es algo que se encuentra en todas las tradiciones religiosas, y en cierto sentido, es una expresión del principio según el cual toda la creación es una manifestación de Dios, una Palabra pronunciada (qawl) por Dios, el Nombre de Dios. El Nombre es siempre una expresión de lo Nombrado. Así pues, cuando un ser humano en el mundo pronuncia el Nombre divino, ese ser humano se está reintegrando a sí mismo con la Naturaleza divina, y de ese modo la totalidad de la creación participa en esa reintegración. La filosofía platónica viene a hablar de esta verdad a través de la idea del recuerdo –anamnesis, literalmente, deshacer el olvido-. El principio del recuerdo (literalmente: re-membrar o volver a unir lo que ha sido desmembrado) a través de la invocación del Nombre de Dios se expresa también en todas las tradiciones principales del mundo, al igual que la idea de que el microcosmos humano es un pequeño mundo, un mundo que no es únicamente una parte del macrocosmos, sino una recapitulación de aquel en su  totalidad. Cambiar uno es cambiar el otro. Esto es algo inherente al principio del Tawhid. Cada fenómeno singular está entrelazado con todos los demás fenómenos en todo el universo, y le afecta de maneras que ahora solo se están empezando a atisbar a través de los descubrimientos de la física postmoderna, y a través de ideas tales como la “resonancia mórfica” lideradas y sustentadas científicamente por Rupert Sheldrake. Pero estas ideas siempre se han sabido; de hecho han  sido realizadas espiritualmente por los sabios y los santos, y también intuidas por los piadosos de todas las grandes tradiciones espirituales del mundo.

Para aquellos de nosotros que creemos en estas dimensiones sutiles del Tawhid como principio activo y unificador, el resultado es que “la esperanza es eterna”: se nos da la gracia de una determinación perpetuamente renovada por la esperanza espiritual, no por un optimismo infantil. Esta esperanza y determinación, junto con la confianza y la resignación, subsisten incluso estando ante una destrucción   inminente. Nuestra relación con Dios debe, en principio, regenerar siempre una nueva y firme determinación para hacer lo que podemos a fin de mejorarnos a nosotros mismos y nuestro medioambiente, social y natural; y hacerlo como una expresión de nuestra auténtica gratitud al Creador. Purificar nuestras almas; rectificar nuestras actitudes y acciones hacia la Madre Naturaleza; prepararnos para el encuentro con Dios en la “verdadera” Vida Venidera; orar de corazón, recitar el Corán, cantar las alabanzas de Dios, invocar Su Nombre –creemos que todo esto no puede sino tener repercusiones beneficiosas para nosotros mismos y para nuestro mundo, espiritual y moralmente, tanto “aquí abajo” como en el Más Allá. Creemos que estas repercusiones reverberan por todo el universo, y de este modo contribuyen de incalculables maneras a la atracción de esa Gracia que -solo ella- puede resolver la crisis que la humanidad causada en la Madre Naturaleza.

Por un lado, la “corrupción” forjada por la humanidad debe hacer que “volvamos” a Dios: “La corrupción se ha manifestado en la tierra y el mar por lo que los seres humanos han hecho, para que prueben algo de lo que han hecho y así, quizás, regresen al buen camino” (Sura al-Rum, “Los Romanos”, 30:41). Por otro lado, cuanto más plenamente volvemos al Señor, tanto mayor es la posibilidad de un cambio global debido a Su Gracia. Una vez más, citemos de nuevo el verso que siempre debemos mantener en mente, ya que nos lleva constantemente desde la tristeza paralizante ante el estado del mundo, hasta una determinación llena de gracia para enderezar el estado de nuestra propia alma, y de ese modo, participar en el proceso por medio del cual la Gracia divina enderezará el estado de nuestro mundo:

“En verdad, Dios no cambia la situación de un pueblo mientras ellos no cambien lo que hay en sus almas.” (Al-Rad, “El Trueno”, 13:11)


De lo Secular a lo Sagrado

Llegados aquí habrá quedado clara la diferencia entre la concepción islámica de la ética medioambiental y una secular. Puede que superficialmente ambas parezcan tener los mismos objetivos, pero en realidad la perspectiva islámica integra una ética medioambiental dentro de un marco de la realidad mucho más universal, prestando atención no solo a las manifestaciones superficiales de la crisis medioambiental, sino también vinculando sus raíces más profundas en las tendencias espirituales y psicológicas fundamentales que dieron origen inicialmente a la crisis. Recibimos muchas propuestas y recomendaciones encomiables de parte de los medioambientalistas seculares, instándonos a que cambiemos nuestras acciones e incluso nuestros hábitos; y tales recomendaciones están de acuerdo con el énfasis dado en el Corán a la conservación, a la necesidad de la frugalidad, a la evitación de las extravagancias, del desperdicio, etc.

Sin embargo, un conjunto de recomendaciones seculares sobre a ética medioambiental es plano y horizontal, ya que carece de las dimensiones de altura y profundidad que confiere una visión sagrada del medioambiente, una visión en la que las actitudes saludables hacia el mundo natural están enraizadas en el principio del Tawhid, el cual vincula todos los niveles del “medioambiente”, desde el material hasta el moral, el espiritual, y el Divino. De este modo, la actitud prudente hacia la creación va de la mano de la responsabilidad moral hacia el Creador, y de la armonía espiritual con la naturaleza última de la Realidad. Entonces nuestra ética medioambiental estará inspirada por la belleza santificante de la Madre Naturaleza, la impresionante majestad de su Creador, y la alquimia transformadora de la Gracia Divina.



*


<<< Ir a Segunda Parte                                                               Ir a la Primera Parte >>>




[1] Nota del Traductor. El pasaje es el siguiente: “Esa será la hospitalidad que ellos recibirán el Día de la Recompensa. Nosotros os hemos creado, así pues ¿Por qué no reconocéis? ¿Habéis reparado en lo que eyaculáis? ¿Acaso sois vosotros quienes creáis o somos Nosotros los creadores? Somos Nosotros quienes decretamos la muerte entre vosotros y nadie Nos podrá impedir que os sustituyamos por vuestros semejantes y a vosotros os hagamos renacer a lo que no conocéis. Y, ciertamente, ya habéis conocido la primera creación, así pues, ¿Por qué no reflexionáis? ¿Habéis reparado en lo que sembráis? ¿Sois vosotros quienes lo hacéis crecer o somos Nosotros quienes lo hacemos crecer? Si hubiésemos querido habríamos hecho de ello paja seca. Entonces, os lamentaríais: «¡Hemos sufrido una grave pérdida! Más aún. ¡Estamos arruinados!» ¿Habéis reparado en el agua que bebéis? ¿Sois vosotros quienes la hacéis descender de las nubes o somos Nosotros quienes la hacemos descender? Si hubiésemos querido la habríamos hecho salobre. Así pues ¿Por qué no sois agradecidos? ¿Habéis reparado en el fuego que encendéis? ¿Sois vosotros quienes habéis hecho crecer el árbol que lo alimenta o Nosotros quienes lo hacemos crecer? Somos Nosotros quienes lo hemos puesto como un recuerdo y para el beneficio de los viajeros. Así pues ¡Glorifica el nombre de tu Señor, el Inmenso!” (Sura al-Waqia, “El Acontecimiento”, 56:57-74)